Hacía tiempo
que crecía dentro de ti
un agujero negro.
Los científicos
lo confirmaron
al observar las pequeñas manchas
en sus pantallas.
Yo nunca quise asomarme.
Me bastó verte caer
por ese sumidero infinito,
estirarte,
larguísimo,
cada vez más etéreo,
cada vez más rápido,
cada vez más cerca
del horizonte de sucesos.
Supe,
como se saben las cosas
que no es necesario haber aprendido,
que pasado cierto punto
ya nada puede escapar,
así que el tiempo de la despedida
se volvió cotidiano y sagrado.
Como una especie de umbral
donde probar las certezas.
Algunos creen que
en el último segundo
el agujero arrojará
algún tipo de energía.
Creen que esa energía
será capaz de hacerse presente,
de mover objetos,
susurrar en las noches
o dejar algún mensaje en el teléfono.
Al resto, solo nos queda
apostar la fe al reencuentro
y soñar con vehemencia
el día que, por fin,
nos abracemos
al otro lado,
gloriosos.
|
Enlaces a textos publicados sobre Cristóbal Guerrero: Tesoros (Mari Paz Hidalgo) A Cristóbal Guerrero “In Memoriam” (Juan M. Batalloso Navas) ¡Hasta que volvamos a encontrarnos! (Arantza Echaniz Barrondo)
|








