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PUNTO DE VISTA
Editorial
Nostalgia reflexiva
PUBLICADO

23 de septiembre de 2026

La carta de una lectora a un conocido diario, publicada el 14 de agosto, expresa una añoranza común: ¡qué bonito era cuando «aquí nos conocíamos todos»!

Dos días antes, se habían alineado los astros –sin metáfora–, y el eclipse de sol había congregado en los balcones a los vecinos de la señora, activando por un momento la máquina del tiempo. La promesa de una singular maravilla había apretado el botón y, por un instante, volvieron las conversaciones pausadas de antaño y el espontáneo intercambio de información, opiniones, desencantos, alegrías y deseos.

Luego, regresó el 2026, con cierta nostalgia de cuando la vecindad era la red social del día a día. Entre todos, se controlaba el acceso y la circulación, se cuidaba a los niños, se organizaban eventos, se compartían saludos festivos, nacimientos y pesares, se ayudaba en las «malas». No todo era color de rosa, por supuesto: como toda convivencia, venía con sus bemoles.

Y, sin embargo, si hablamos de cómo nos gustaría vivir en nuestros barrios y pueblos, ¿quién no preferiría sentirse parte de una comunidad (con todos sus defectos) frente a los escasos contactos que mantenemos hoy con vecinos a menudo desconocidos? Incluso quienes nunca vivieron ese pasado se sentirían probablemente más arropados por más y mejores relaciones humanas.

Cuando el presente se vuelve abrumador o incierto, la mente invoca momentos significativos para recordar que somos capaces de amar, ser amados y conectar con el entorno.

La nostalgia —dicen los que saben— no es solo la evocación de un grato recuerdo: es una respuesta de adaptación psicológica que utiliza el pasado para estabilizar el sentido de identidad en el presente. Es una emoción agridulce que opera entre el consuelo de haber vivido algo valioso y el duelo por su pérdida. Cuando el presente se vuelve abrumador o incierto, la mente invoca momentos significativos para recordar que somos capaces de amar, ser amados y conectar con el entorno.

El asunto es: ¿qué hacer cuando añoramos algo? La profesora Svetlana Boym explica que, mientras la «nostalgia restaurativa» pretende reconstruir el pasado en el presente, con el riesgo de negar la realidad y anhelar utopías retroactivas, la «nostalgia reflexiva» acepta que «lo que fue» es irrecuperable, fomenta la empatía y la autocomprensión y funciona como una brújula: al recordarnos qué experiencias otorgaron sentido a nuestra vida en el pasado, nos proporciona las certezas emocionales necesarias para encarar el futuro.

La nostalgia de cuando «el barrio era barrio», entonces, nos puede impulsar a habitar espacios y comunidades con los valores que se han consolidado en nosotros.

Muchos y complejos son los retos de habitar nuestras ciudades. También existen iniciativas alentadoras. De unos y otras hablamos en el dossier de este número.

Pese a las preocupaciones que podamos advertir al respecto, creemos, con la urbanista Elena Granata —nuestra entrevistada—, que «un lugar habitado, donde las personas se saludan y sienten que forman parte de una comunidad, es mucho más seguro que un espacio vacío y controlado». Sin duda, se trata de una meta soñada. Podemos, al menos, tenerla en nuestro horizonte.

Revista
Este artículo sale publicado en el número 11 de la revista LAR, puedes suscribirte y recibirlo en tu casa y ver el pdf
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Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura