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LA MIRADA DE LA SEMANA
Beatriz Márquez
Miedo a la ignorancia
PUBLICADO

13 de enero de 2025

Hay un aspecto del desarrollo de nuestra Historia que me llama especialmente la atención, y es justamente cuánto nos cuesta aprender de ella. En la actualidad, hay una gran cantidad de miedos y fobias, entre los cuales destacan el estrés y la ansiedad, y ante los cuales parece que nos encontremos indefensos. Estos fenómenos trastornan al ser humano y lo atormentan complicando su vida de manera completamente innecesaria, lo cual dificulta enormemente las tareas más simples que debemos realizar, haciendo cada vez más inalcanzable el ideal de felicidad. 

Lo que me sorprende es que, no siendo este un problema nuevo, y por tanto habiendo soluciones para estos males desde el principio de los tiempos, la población en su mayoría no los conozca. Es de extrañar que surjan cada año nuevas técnicas para combatirlos, y las personas se lancen desesperadas a probarlos, dejándose engañar por una de las falacias más antiguas de la Historia, la de la preferencia por lo novedoso, no habiendo probado sin embargo los primeros remedios para prevenir estos trastornos. 

Muy lejos de querer excluir la importante labor psicológica de esta exposición, lo único que me propongo es traer al primer plano a los filósofos de las escuelas helenísticas, aquellos que se preocuparon por vivir cerca de la cotidianidad, no en una torre de marfil, cultivando la sabiduría práctica. Si hacemos memoria, podremos recordar las enseñanzas de los estoicos y epicúreos y su ideal de la apatheia o la ataraxia, herramientas que mantendrían a raya, si las utilizáramos, no sólo la ansiedad y el estrés, sino también todos aquellos obstáculos de la cultura de masas actual que nos impiden llegar a ser felices. 

Pero no debemos caer en el error de simplificar estas teorías, formándonos una idea falsa de aquellos filósofos prácticos, considerando, la suya, una filosofía de segundo grado por ser menos compleja que la propia de filósofos que sí viven en torres de marfil, y que teorizan sobre realidades que no habríamos podido imaginar de no haberlos leído. Los filósofos de las escuelas helenísticas no son tan sencillos, pero si alguien lo duda, le invito a practicar uno de sus ejercicios. 

El mayor miedo que, en mi opinión, combate la escuela de los escépticos, es el miedo a estar equivocado. No me refiero a esa sensación que experimentamos cuando en una discusión descubrimos que no estábamos en lo cierto, sino a aquella posibilidad que nos atormenta a algunos de que un día descubramos que absolutamente todas nuestras creencias no eran más que mentiras. La práctica de la afasia consiste en abstenerse de pronunciar cualquier juicio. Aunque se pueden formular críticas contra el escepticismo, propongo que se mire con respeto y se le dé una oportunidad a esta idea revolucionaria, y para que se vea clara su utilidad, presentaré su relación con la teoría de un filósofo que falleció hace tan sólo un año, Gianni Vattimo. 

Descubrirse totalmente ignorante no debería asustarnos más que ser absolutamente creyentes. Las creencias son verdades para las que cada individuo tiene seguridades limitadas, y por tanto hay que reconocer su límite, debilitándolas, en un ejercicio de humildad y respeto a lo ajeno. La consecuencia contraria sería, tal y como nos muestra Vattimo por medio de la Historia, matar en nombre de la verdad. El ejercicio de la afasia hace que tomemos conciencia de nuestra pequeñez, que abramos nuestra mente a distintas posibilidades y tomemos en consideración otros argumentos, volviéndonos más tolerantes. Si somos capaces de vivir con tranquilidad cuidando de una verdad débil, no nos veremos destruidos si algún día descubrimos algo que contradice nuestras creencias, como ha pasado en filosofía, en teología y en ciencia. Tampoco habremos destruido a nadie por la defensa irracional de nuestras verdades. 

La verdad es uno de los mayores anhelos del ser humano, si no el mayor, por lo que es aquello que con mayor cuidado y prudencia debemos tratar. 

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura