Hace unos años me resultaba impensable que en nuestro continente se produjera una guerra como las que acontecieron durante el siglo pasado, con misiles, tanques, bombas… y sucedió la invasión de Rusia a Ucrania. Miles de personas muertas y desplazadas que, de la noche a la mañana, vieron sus vidas truncadas. Tres años y medio más tarde, aún siguen los bombardeos.
En octubre de 2023, el viejo conflicto entre Israel y Palestina se aviva tras perpetrarse por parte de Hamás un ataque terrorista injustificado que acabó con la vida de 1.400 personas y 252 secuestradas. Israel comenzó una bárbara ofensiva, criminal, genocida y totalmente desproporcionada que parece pretender el exterminio del pueblo palestino y la ocupación de su territorio. Desde entonces, ha destruido hospitales, escuelas, universidades, casas y matado a unas 64.000 personas, de las cuales, 20.000 eran niños. No hay nada que pueda justificar esta barbarie. Personas somos todos, pero quienes no lo consideran así, carecen de humanidad.
Nos llena de impotencia la inacción de todos los gobiernos. Y nos preguntamos ¿Cómo es posible que no actúen? Cada día cuenta. Y nosotros, ¿existe algo que podamos hacer? No permanecer indiferentes, como si nada de esto estuviera sucediendo ante nuestros ojos o pensar que no va con nosotros y mirar para otro lado. No se trata de una guerra más, el 80% de los fallecidos son civiles. Es la Humanidad la que agoniza junto a Palestina si optamos por el inmovilismo y el desaliento. Gaza se ha convertido en el símbolo de los valores de la humanidad que se ven atacados y vulnerados por quienes no creen en ellos.
Como en Francia, Noruega, Dinamarca, Australia, Senegal, Corea del sur, Colombia, Chile, y numerosos países de todos los continentes, salgamos a la calle y alcemos nuestra voz junto a otras voces para pedir el “alto el fuego”. Se lo debemos a todas las que han acallado, personas que han dado su vida por las demás: periodistas que han seguido informando a sabiendas que podían ser asesinados en cualquier momento, personal sanitario que, sin descanso, han permanecido en los hospitales , convirtiéndose en una víctima más de los bombardeos, padres que han recibido balas cuando intentaban conseguir alimentos que llevar a su familia, rescatistas, cooperantes, a los que han partido en la Global Sumud Flotilla procedentes de 44 nacionalidades para intentar romper el cerco y abrir un corredor humanitario que ponga fin a la hambruna… Hagámoslo por todos los recuerdos robados a miles de personas que no volverán a ver a sus seres queridos. Exijámonos coherencia, de modo que no exista dicotomía entre lo que pensamos, creemos, decimos y hacemos, manifestando de todas las formas posibles, nuestro rechazo a la violencia. Ahora es el momento de estar a la altura. Luchemos con nuestras armas para que la solidaridad y la compasión ganen esta batalla. Frente a las armas que matan, actuemos con gestos de amor, que es lo único que mantiene el mal a raya.








