Sin pretender realizar una reflexión catastrofista o apocalíptica, lo cierto es que nunca antes, como en los últimos años, había sentido tan patente la fragilidad del mundo. La evolución dinámica en la que está inmerso el mundo parece haber pisado el acelerador y tenemos la sensación de ir descompasados: si no nos subimos al carro, nos quedamos atrás. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos y, a la vez, hacer lo posible para que las cosas no se nos vayan de las manos, como controlar a la IA antes de que ella nos controle a nosotros o intentar revertir los efectos del cambio climático y cuidar de la casa que nos acoge antes de que sea demasiado tarde.
Toda evolución supone un cambio hacia una realidad más compleja y lleva intrínseca una lucha de fuerzas antagónicas que se baten en duelo para ganar la contienda. El mal, que forma parte de un modo esencial en el proceso evolutivo, utiliza todo tipo de armas para salir vencedor. De todas ellas, hay una que es especialmente letal: la mentira. Los bulos y la desinformación encuentran en las redes sociales el vehículo perfecto para avanzar posiciones, ayudados por los bots maliciosos, programas informáticos que crean cuentas falsas a gran escala para difundir noticias falsas e incluso las repiten y las comparten miles de veces para engañar al algoritmo y hacernos creer que una opinión es compartida por la mayoría. Simulan ser usuarios reales sin serlo; podríamos decir que son «profesionales de la mentira», que generan odio y miedo, deshumanizan y nos enfrentan. Y mientras… la vida pasa.
No hemos venido a este mundo para «matarnos». Hemos venido para vivir, estamos aquí para amar. Cuanto más amemos, más nos acercaremos a nuestra esencia, a nuestra humanidad, más nos acercaremos a Dios. Dejaremos de ser como flores despetaladas que han perdido su forma y su color.
Hacer el bien es la forma de vencer al mal. Seamos hacedores del bien, devolvamos el alma a nuestras ciudades. No tenemos que pretender cambiar el mundo; simplemente, tenemos que amarlo, y para amarlo hay que abrir los ojos, limpiar nuestras lentes y entender cuál es el camino que conduce a la Verdad y a la Vida.
Evolución… sí, pero consciente.








