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LA MIRADA DE LA SEMANA
Beatriz Márquez
El porqué
PUBLICADO

26 de enero de 2026

Probablemente el hecho de actualidad más destacado del mes haya sido el secuestro de Maduro por Estados Unidos. Al haberse considerado algo de tanta importancia, muchos expertos en política y cuestiones internacionales han analizado la cuestión. Incluso en las noticias hemos podido ver cómo los periodistas daban su opinión con respecto a lo que había pasado, y de todo esto se puede deducir que hay diferentes interpretaciones.

 Me ha parecido interesante mencionar este movimiento geopolítico de Estados Unidos para utilizarlo como ejemplo de otro suceso, que también puede observarse en nuestra actualidad. Cuando ocurre algo que nos llama la atención, buscamos rápidamente una explicación, ya que nos gustaría entenderlo. Esta explicación podemos entenderla como el porqué o la causa del efecto que se traduce en el suceso que hemos vivido y nos ha impactado. Pienso que es al llegar aquí cuando se comete el error, ya que lo que nos parece normal, lo esperable, es que nos den una explicación. Pensamos en esa causa como algo único, y muchas veces nos cuesta entender que, al mismo tiempo, sean varias causas las que hayan dado lugar al hecho. Cuando digo varias causas, no me refiero a varios eslabones consecutivos de la cadena causal, -un hecho que ha propiciado otro y a su vez este último ha causado otro efecto hasta llegar a aquel que estamos analizando- sino a distintas causas, que no tienen que estar relacionadas entre sí. Siguiendo con el ejemplo de Maduro, podríamos entender que Trump lo captura por un motivo en concreto, o por un conjunto de causas distintas, habiendo varias explicaciones que conviven en la mente del presidente de Estados Unidos, siendo todas verdaderas. Pero, como he dicho, nosotros parecemos preferir o esperar que haya una única explicación, y por eso observamos discusiones en los podcasts, las redes sociales o en la televisión sobre si Trump ha secuestrado a Maduro por el petróleo, la droga, o la democracia.

 El análisis filosófico que se puede hacer aquí no puede empezar de otra forma que con Aristóteles. El estagirita fue el primer griego que señaló la coexistencia de varias causas al mismo tiempo para explicar cada efecto, en concreto cuatro, introduciendo la que para él era la más importante: la causa final. Sin embargo, en el siglo XVII, Descartes, quien sentía cierto recelo con respecto a Aristóteles e incluso había intentado que su propia obra sustituyera a la del griego en los programas de estudios de la facultad de París, dilapidó los esfuerzos de Aristóteles y volvió a centrarse en la antigua visión causal como simple causa eficiente. Esto ha afectado a la historia del pensamiento, siendo otro punto de inflexión, y ha provocado que hoy día esperemos una única explicación para los sucesos. Es posible que podamos tolerar varias explicaciones, pero tratamos de diferenciar entre cuáles son explicaciones accesorias y cuál es la verdadera.

 Este tipo de razonamiento, del cual pienso que no podemos culparnos a nosotros mismos sino a nuestro contexto y sus orígenes, nos impide entender bien el funcionamiento del mundo y la mente humana. Pienso que conlleva un esfuerzo intentar considerar al mismo tiempo explicaciones muy distintas, que incluso puedan tener aspectos que parezcan contrarios, para un mismo hecho. Si tenemos esto en cuenta, al menos en algunas situaciones, quizá podamos comprender mejor algo o a alguien. Estamos demasiado decididos a controlar las respuestas, a que la solución encaje en el tipo de resultado que había esperado, en la casilla que ya le tenía preparada. No estamos preparados para porqués múltiples, que conviven en igualdad de importancia. Pero tampoco estamos preparados para explicaciones divergentes, que se escapan a nuestras categorías de actuación, como cuando una persona hace algo “por otro” y no “por sí mismo”. Esta sería otra causa, una causa inesperada. Pondré un ejemplo, en este caso literario, pero basado en hechos reales. En la novela Chamán de Noah Gordon, hay una madre que, en el momento del parto, no es capaz de dar a luz a su hijo y por ello ambos van a morir. El protagonista, un médico, no puede hacer nada -en el siglo XIX no estaba desarrollada la técnica de la cesárea- pero un chamán de la tribu sauk consigue convencer a la mujer de que una serpiente viene a por su niño y lo va a devorar. Así la mujer rápidamente consigue dar a luz al niño y ambos se salvan. El médico no es capaz de entender cómo ha podido conseguirlo, ya que no le estaba siendo físicamente posible, y el chamán le explica que es una técnica que en ocasiones se utiliza cuando hay complicaciones, ya que las madres, para proteger a sus hijos, son capaces de hacer algo por encima de sus propias fuerzas, algo que creían no poder hacer.

 Se conocen varios ejemplos, tanto de madres salvando a sus hijos y realizando proezas físicas que se pensaban imposibles, como de otros sucesos que no tienen explicación a simple vista. Cabe sólo preguntarse si no estaremos discutiendo sobre explicaciones que parecen contrarias y que, en realidad, puedan convivir; o si, por el contrario, no estaremos buscando respuestas que ya hemos encontrado.

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Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura