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LA MIRADA DE LA SEMANA
Ana Moreno Manuel Toribio
El poder de los recuerdos
PUBLICADO

11 de noviembre de 2024

En medio de la zozobra que vive nuestro país, una noticia nos sirve de pequeño consuelo. Desde la universidad valenciana se pide que las pocas fotos que las familias puedan salvar en las casas derruidas por la fuerza incontenible del agua, se depositen en bolsas identificadas y se las entreguen para su restauración y conservación.

Y además vemos cómo muchas personas, cuando hablan de que lo han perdido casi todo, nombran estos pequeños tesoros. No importa que sean en blanco y negro, o en color desvaído, algunas maltratadas por el paso del tiempo y ahora casi asesinadas por la furia inclemente de la tormenta.

Nos aferramos a esas imágenes, no queremos desprendernos de ellas ni que se pierdan. Si un ser humano no puede recordar, sufre una terrible enfermedad, la amnesia que le hace vivir como un náufrago sin identidad.

No solo somos un nombre y unos apellidos junto a un número en nuestro DNI. Nuestro pelo, nuestros ojos, nuestro rostro, nuestra forma de caminar por la vida y de ser, nuestro carácter, nada de esto está aislado de otros seres humanos que nos antecedieron. El esfuerzo genealógico es absolutamente imprescindible si no queremos correr el riesgo de no saber de dónde venimos y a dónde vamos; no hay otro remedio que llevarlo a cabo.

Somos nuestros padres y madres, somos nuestros hijos y nietos, somos nuestros abuelos. Un individuo no es un espécimen único. Por sí solos no somos nada. Por eso todos somos hermanos, la sangre que corre por nuestras venas es siempre del mismo color. No nos separan las etnias, las religiones o las lenguas; tenemos un origen y un destino común.

Nosotros somos profesores de Historia y a lo largo de nuestra vida nos hemos visto obsesionados con la conservación de cualquier testimonio por minúsculo que sea. No sólo fotos, papeles diversos, otro tipo de imágenes, edificios, paisajes, tradiciones. Un archivo es para nosotros un lugar especial, una crónica de tiempos pasados. No nos extraña que, en algunas iglesias y convicciones religiosas, sin ir más lejos, los mormones, tengan a buen recaudo información de los padrones y registros civiles donde todos somos incorporados al nacer.

Las ciudades han sido arrasadas, la tragedia ha costado demasiadas vidas humanas y lo peor es que tardará mucho tiempo en recuperar todo lo perdido. Pero debe quedar algún testimonio de todas estas vidas truncadas, hay que sacarlas del anonimato y de la morgue del olvido en que lamentablemente en poco tiempo caerán.

Ya sabemos que es ley de vida, pero por eso nos resulta tan atractiva esta iniciativa de recuperar y restaurar estas fotografías. Algún día, cuando sean devueltas a sus familiares les traerá el recuerdo sanador de unos ejemplos vitales. Somos las ramas de un frondoso árbol donde todo cuenta, las hojas verdes y el viejo tronco. Y juntos formamos un bosque, que entre todos debemos cuidar.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura