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LA MIRADA DE LA SEMANA
Ana Moreno Manuel Toribio
El poder de las palabras
PUBLICADO

05 de octubre de 2026

Estos días en que el otoño aún no llega, pues el calor no concede la más mínima tregua, podemos seguir, gracias a los medios de comunicación, un acontecimiento planetario como es la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde cada uno de sus 193 miembros tiene la posibilidad de dirigirse al mundo para exponer su punto de vista sobre la situación que estamos viviendo y ofrecer respuestas y alternativas.

Es verdad que la propia estructura de la ONU parece viciada de inicio, ya que el órgano realmente decisorio es el Consejo de Seguridad, donde hay cinco estados (EE. UU., Rusia, China, Francia y el Reino Unido) que tienen derecho a vetar cualquier decisión que afecte a sus intereses, pero se hizo así para evitar que las grandes potencias se negaran a participar, como ocurrió con la Sociedad de Naciones, creada tras la Primera Guerra Mundial y en la que EE. UU. se mantuvo al margen.

Invitamos a visitar la página web de la ONU, donde se da cumplida cuenta de ello, pues en medio de este mundo en caos y a la deriva es una fuente de sano, aunque comedido, optimismo. Este año, el tema propuesto es precisamente revitalizar la ONU para que se convierta en un auténtico gobierno mundial que aspire a resolver los conflictos de manera pacífica mediante el diálogo y que, consciente de los numerosos retos que se le plantean a la Humanidad, no dude en convocar, en paralelo a la Asamblea, la llamada Semana de Alto Nivel, donde se han afrontado cuestiones como el clima, la salud, la gobernanza de la inteligencia artificial, la paz y la seguridad.

Se trata de insistir en los Objetivos que la ONU llamó del Milenio, resumidos en ocho puntos, para mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes del planeta, algunos tan básicos como la educación universal, el fin de la discriminación de la mujer y el acceso al agua potable. Como era de esperar, solo se cumplieron en una mínima parte y ha habido que reformularlos y fijar el horizonte de su cumplimiento en 2030.

Nos gusta compartir este entusiasmo de la ONU por tratar de cumplir con su papel, desde su secretario general hasta todas las personas con buena intención que dedican su esfuerzo a lograrlo.

Pero, cuando contemplamos luego la realidad, nos damos cuenta de que esta es tozuda y se empeña en llevarle la contraria a la ONU. Parece como si los cuatro jinetes del Apocalipsis (la Peste, la Guerra, el Hambre y la Muerte) cabalgasen desbocados en sus briosos corceles por la faz de la Tierra.

Nuestro planeta es ahora, más que nunca, un mundo en caos: megapotencias, imperios en declive, colosos económicos, estados emergentes junto a estados fallidos, organizaciones supranacionales de países un tanto estancadas, subdesarrollo y miseria en buena parte del planeta, guerras que parecen irresolubles y que causan enormes sufrimientos a la población civil, desinformación, inestabilidad, catástrofes naturales, agotamiento de los recursos, la pobreza más extrema junto a la mayor riqueza y opulencia, falta de liderazgos positivos.

Pero el hecho de que no haya habido una tercera guerra mundial, la mera existencia de la ONU y de otros organismos que dependen de ella son un ejemplo de que aún queda un camino para la esperanza. A pesar de las continuas adversidades, ahí sigue como un faro que puede iluminar en medio de la zozobra planetaria. Por eso, proponemos seguir con interés las deliberaciones, darnos cuenta del enorme poder que pueden tener palabras como paz, diálogo, humanitarismo, cooperación. Son como un bálsamo ante tantos intereses geopolíticos contrapuestos, conflictos bélicos que causan la barbarie y la destrucción, ante tantos problemas candentes a los que se enfrenta la Humanidad.

No son meros discursos protocolarios cargados, más o menos, de palabras bienintencionadas, sino la última oportunidad que le queda a la Humanidad para que ese galopar apocalíptico no termine por arrasarnos.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura