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Yolanda Feal San Martín
Coste humano versus valores democráticos
PUBLICADO

23 de marzo de 2026

Ucrania, un ejemplo que revela el límite entre el discurso europeo y sus consecuencias

Escuchar a quienes piensan es una forma de frenar la acción irreflexiva y ampliar la mirada. El filósofo Jürgen Habermas sigue ofreciendo esa perspectiva. Ante el dilema moral y estratégico de apoyar a Ucrania, ejemplo paradigmático, comparto en gran medida su posición, basada en mi experiencia en múltiples escenarios bélicos.

Desde el inicio de la invasión, por razones humanitarias y estratégicas, negociar antes de que la guerra se enquistara era una opción racional, aunque impopular. Tras el fracaso inicial de Putin en tomar Kiev, quedó claro que no sería una guerra relámpago, sino un conflicto largo de desgaste. Una guerra territorial no se gana sin fuerza terrestre: la aviación y la marina apoyan, pero son las tropas las que ocupan el terreno. Las preguntas eran evidentes: ¿cuántos hombres puede movilizar Ucrania frente a Rusia?, ¿cómo está estructurado el mando ruso?, y en Europa: ¿quién manda?

En el tablero mundial, donde prevalece la ley del más fuerte, Zelenski es un peón del que nos hemos aprovechado. Un líder valiente que se sacrifica por su país, mientras desde la Comisión Europea, incapaz de estrategia, le ofrecemos palmaditas y declaraciones grandilocuentes.

Dicho sin eufemismos: la «carne de cañón» la ponen otros. Los ucranianos mueren por valores democráticos que la Unión Europea dice defender, mientras asumen una guerra por delegación que refuerza a Estados Unidos y China y debilita a Europa. El precio pagado es altísimo para un objetivo estratégico improbable.

Cuando no hay vencedores claros, las guerras se congelan o terminan en una mesa de negociación. Son paces imperfectas (la «paz negativa» de Johan Galtung) moralmente incómodas, pero evitan muertos, destrucción y odio acumulado. En los conflictos no existe una verdad, sino varias que deben combinarse para alcanzar un acuerdo.

En abril de 2022 se pudo firmar un acuerdo en Estambul pero no había suficientes muertos. Hoy, con más de 140.000 estimados (solo del lado ucraniano), hablamos de elecciones, referéndums y cesiones territoriales en el Donbás. ¿Seguir la guerra o comprar una paz cediendo el territorio por el que ya han muerto tantos? Y, además, ¿de verdad alguien cree que una «zona de seguridad» en Ucrania nos impediría una hipotética invasión?

Queda claro que no estamos dispuestos —ni ahora ni en el futuro— a erradicar las guerras; si no ¿para qué producimos tantas armas?

Revista
Este artículo sale publicado en el número 9 de la revista LAR, puedes suscribirte y recibirlo en tu casa y ver el pdf
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