Si podemos, busquemos unos días para descansar y que nos dejen espacio para la contemplación y la reflexión.
Se ha dicho tantas veces, y con razón, que vivimos en un mundo muy acelerado y lleno de ruido, que no deja espacio ni a la tranquilidad ni al silencio. Todo son prisas, y el aluvión informativo que recibimos no es propicio para la reflexión ni para ver con calma, no tanto lo que pasa, sino por qué pasa lo que pasa. Una cantidad exagerada de información más bien desinforma, y convertimos la información en entretenimiento. Hacemos el crucigrama, el sudoku, picoteamos las noticias mientras tomamos el café. Es evidente que este no es un camino adecuado para entrar en el mundo de la reflexión.
La reflexión exige una etapa previa: la observación, que si es atenta y reflexiva nos abre la puerta a la contemplación. Eso sí, con una mente limpia de prejuicios, que no está ocupada ni por episodios pasados ni por acontecimientos futuros, sino plenamente en el presente. También el silencio favorece el espacio de observación. Es como una cadena que comienza por ver, ver para observar, observar para contemplar, y contemplar para reflexionar.
Cuando llegamos a este punto, podemos ser conscientes de que vivimos en un espacio del universo, nuestra Tierra, que es una auténtica singularidad. Las condiciones que se dan aquí hacen posibles las síntesis que generan la vida. Tengamos presente que estas condiciones son altísimamente improbables. La posibilidad de vida en el universo, además de la nuestra, es posible, pero no nos consta y seguramente no tendremos esa certeza, al menos por ahora... La posibilidad de vida en otros lugares es muy pequeña, pero la inmensidad del universo aumenta esa posibilidad, aunque disminuye la posibilidad técnica de contacto.
El fenómeno vital que se ha producido aquí es fruto de unos procesos bioquímicos de una complejidad creciente que permiten generar unas funciones, así como guardar y transmitir información que garantice la aparición y la expansión de la vida. ¿Por qué y cómo se ha producido esta maravilla? ¿Por qué y cómo el ser humano ha tenido la capacidad de estudiarla? Esta es una de tantas cosas que se puede contemplar con admiración.
La Tierra es un espacio admirable del que formamos parte. Hay que no perder el sentido de pertenencia a ese todo del que formamos parte. Este será uno de los retos que tendrán los educadores con los jóvenes: fomentar una inteligencia existencial observadora y contemplativa que nos haga valorar la vida, tanto la nuestra como la vida en general, así como un profundo respeto por ese todo del que formamos parte, conscientes de que si hacemos daño a ese todo nos hacemos daño nosotros mismos.








