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Ciberespacio

Giulio Meazzini

Mucha gente deja escrita su password (clave de acceso, para los legos) en una hojita adhesiva pegada en la pantalla del ordenador, y cualquiera puede verla...
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El código de identificación fiscal aparece hasta en los recibos de la luz. ¿El pin de la tarjeta de crédito? Basta con que alguien me mire por encima del hombro o que coloque un dispositivo para leerlo... Son ejemplos triviales, pues los especialistas del fraude lo saben hacer mucho mejor. Corren malos tiempos para la buena gente. Se define como «hurto de la identidad digital» cuando alguien logra hacerse pasar por otra en el mundo virtual a fin de robarle dinero o apoderarse de sus secretos y contactos personales. Conviene aclarar que cualquier acción realizada en el mundo digital deja huellas prácticamente indestructibles: acceder a un portal de internet, pagar con tarjeta de crédito, reservar un viaje, los documentos adjuntos del correo electrónico, el vídeo de una broma pesada entre muchachos... Puede ser que al cabo de diez años, justo cuando vas a buscar trabajo, quien te vaya a contratar vea ese vídeo y te descarte. Y no hablemos del ciberacoso, es decir, cuando alguien intencionadamente trata de destruir la imagen de una persona mandando por la red noticias y fotos falsas, que son casi imposibles de borrar. Desde que están de moda las redes sociales, en las cuales cada cual procura darse a conocer totalmente a sus amigos, el problema se ha acentuado, y tanto que los famosos Facebook y Twitter han tenido que salir al paso controlando si la persona que se inscribe como Fulano de Tal es efectivamente Fulano de Tal, y no un impostor. La red nació libre y gratuita, pero a lo mejor está pidiendo unas reglas mínimas, al menos por la seguridad y la dignidad de los internautas. Ya ha llegado el momento de hablar de una «constitución del ciberespacio», una declaración de derechos y deberes en el ámbito virtual. Sería la primera y para todo el mundo. Naturalmente, no la tienen que redactar los gobiernos, que querrán encorsetar internet, sino los propios internautas, discutiendo libremente en la red. Ya están circulando algunos borradores. Me estoy acordando de los creadores de The Pirate Bay, un famoso portal que favorecía el intercambio de películas y canciones. Después de haber sido condenados por infringir las leyes de derechos de autor, estos suecos decidieron dedicarse a la política y en las últimas elecciones europeas el Partido de los Piratas sueco consiguió un escaño. Como el mundo virtual entre en política, tendremos muchas sorpresas.



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