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A un año de Ratisbona



Todos recordamos la polémica que suscitó en ciertos sectores musulmanes aquel discurso de Benedicto XVI en la universidad de Ratisbona.
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Todos recordamos la polémica que suscitó en ciertos sectores musulmanes aquel discurso de Benedicto XVI en la universidad de Ratisbona. En aquel entonces, 38 exponentes musulmanes de diferentes países y tradiciones le enviaron una carta, cuyo objetivo era precisamente continuar el diálogo, superando los aspectos polémicos. Esa respuesta asumía algunas afirmaciones papales, otras las puntualizaba y sobre algunos puntos manifestaba su disenso. Hacia el final, el escrito señalaba que Islam y Cristianismo representan más de la mitad de la población mundial y por eso las relaciones entre ambas religiones constituyen un factor decisivo para la paz mundial. «Los contactos amistosos y pacíficos entre sus fieles –afirmaba–, se basan en los elementos comunes, en particular “los dos grandes mandamientos”: el del amor a Dios y el del amor al prójimo». Posteriormente la carta recibió nuevas adhesiones y sus firmantes alcanzaron el centenar. A un año de este episodio, y con motivo de la finalización del mes de Ramadán, el 13 de octubre 138 líderes musulmanes enviaron una nueva carta, y esta vez no sólo dirigida al Papa, sino también a los demás representantes de las Iglesias cristianas. «Una palabra común entre nosotros y ustedes» es el título del documento, que cita ampliamente el Corán y la Biblia y ahonda en lo que afirmaba la carta del año pasado. También invita a tener presente que ese «terreno común no es una mera cuestión de correcto diálogo ecuménico entre los jefes religiosos», porque si «musulmanes y cristianos no están en paz, el mundo no puede estar en paz». «Compitamos unos con otros sólo en rectitud y en buenas obras. Respetémonos, seamos justos y amables, vivamos en paz sincera, en la armonía y la benevolencia mutua», concluye el texto. Es sabido que la religión musulmana no está representada por una única autoridad, como en general ocurre en las Iglesias cristianas. Por lo tanto cabe preguntarse por el peso que tendrá esta iniciativa en los sectores populares del Islam, dado que los firmantes representan el ámbito más “oficial” y más bien intelectual. No obstante, cabe señalar algunos aspectos de esta iniciativa que el presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, el cardenal Jean-Louis Tauran, ha definido como una «señal muy alentadora». En primer lugar, es la primera vez que un número tan grande de exponentes del Islam se dirige a los cristianos con un mensaje común. A su vez, la iniciativa sitúa el diálogo en un profundo clima espiritual: el amor exclusivo a Dios y al prójimo, lo cual deja vislumbrar un espacio de enriquecimiento que sólo puede beneficiar a las respectivas comunidades. Otro aspecto de este anhelo de las “religiones del libro” es que ayuda a superar las interpretaciones superficiales o parciales, que por lo general se basan en posturas más ideológicas que religiosas y alimentan todo tipo de fundamentalismo. Hay una sintonía entre este documento y las recientes declaraciones de Joseph Ratzinger sobre el diálogo interreligioso. Benedicto XVI ha señalado que los diez mandamientos constituyen el fundamento de una ética universal, y se resumen precisamente en el amor a Dios y en el amor al prójimo. Que unos líderes religiosos tomen distancia de la polémica y hablen del mandamiento del amor supone un giro importante: gana impulso el camino del diálogo, acaso lo único que hoy puede contrarrestar la lógica del choque entre civilizaciones.



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