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La manifa del 17-O: Granos de arena

Ana Moreno Marín

Intentar avanzar entre la muchedumbre el sábado 17-O era una locura...
Cibeles era una marea humana y yo iba contracorriente para llegar al trabajo, desde el que íbamos a retransmitir la manifestación. Si hubo algo hermoso en ella, y hubo muchísimas cosas, era la gran presencia de jóvenes, un mosaico de voces que gritaba, junto a los cientos de miles de familias: «Aborto no, vida sí»; entre ellos, chicas de 16 años que cantaban: «Tengo 16 y digo no». Toda un demostración de más de un millón de personas, casi dos, que, sin color político ni religioso, acudían «En defensa de la vida, la mujer y la maternidad», que, como se dijo, va mucho más allá de la oposición a la “ley Aído�. Entre los testimonios que oímos, el de la dificultad económica ante la llegada de un nuevo hijo de Damaris, el de la soledad ante el embarazo de Rania o el alegato en defensa de la paternidad que personalizó el actor y productor de la película Bella, Eduardo Verástegui. Pero destacaron las historias de dos adolescentes a las que la presión social, incluso familiar, les forzó a abortar para no romper su juventud con la responsabilidad de criar a su hijo. En cambio Lucía, de 17 años, gracias a una amiga fue a una Fundación Provida, habló con sus padres, afrontó con ellos la situación, la apoyaron y: «Ahora seré madre muy joven, pero muy feliz». Para Sara no fue así: «Tengo 18 años y mis padres me han obligado a abortar a mi hijo. Estaba de ocho semanas; no quería abortar. Pedí ayuda, pero mis padres me sacaron de la casa de acogida para chicas embarazadas y me llevaron engañada. Estoy destrozada; no paro de llorar». Testimonios sobre el escenario y también entre la multitud. Los de familias nucleares, numerosas, con hijos con síndrome de Down o adoptados. Impresionante la forma de defender la vida, con alegría, con la fuerza del testimonio, subrayando lo positivo. Así lo confirman los jóvenes que asistieron. Clara destaca el clima familiar y tranquilo: «Me gustó la dignidad y seguridad con la que marchábamos y, sobre todo, la serenidad. No fue una manifestación “en contra de�, sino a favor de la vida, y justamente eso es lo que se respiraba». Para Sebas, futbolero él, fue impactante la capacidad de convocatoria: «¡Más de un millón de personas defiendo la vida!». Para Ariadna también fue chocante ver a mucha gente joven: «Éramos tantos que le pedía a Dios que la gente que no estuviera allí nos viera y se diera cuenta de que hay cosas que no se pueden dejar hacer. Somos muchos los que lo pensamos así».

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