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Pandemia

Eduardo Ortubia


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La opinión pública de todo el mundo se ha visto entre las cuerdas durante algún tiempo porque no acababa de entender las señales de alarma que ha disparado la gripe porcina. ¡¡Pandemia!! Suena muy grave. Pero la verdad es que a la historia más reciente de las gripes ya empiezan a sobrarle predicciones catastrofistas que acaban por no tener fundamento. Tendremos que refrescar el viejo cuento de Pedro y lobo. Y es que esta gripe actual, impropiamente llamada porcina, hasta ahora no ha resultado ser tan agresiva como la habían anunciado al principio, por lo que a su tasa de mortalidad se refiere. Desde luego no hay que bajar nunca la guardia, y para eso están alerta los servicios sanitarios de cada país. Por cierto, cuando se dan las cifras de personas contagiadas en todo el mundo, llama mucho la atención que las áreas más afectadas corresponden al mundo más desarrollado, como si la gripe y el desarrollo fuesen de la mano. Pero no es así. Los que van de la mano son el desarrollo y los protocolos sanitarios. Las características del virus H1N1 siguen siendo objeto de estudio. Parece que contiene genes de virus aviarios, porcinos y humanos, según una combinación que hasta ahora no se había dado, y se está propagando de persona a persona, como cualquier gripe de estación. De modo que la vacuna, si es que llega a producirse, no estará disponible antes de unos meses, y su producción competirá con la de la vacuna que todos los años se elabora para combatir la gripe común. También se sabe que la cepa del H1N1 es del mismo serotipo que la tristemente famosa gripe española, pero no hay que asustarse porque hoy disponemos de fármacos y tecnología suficiente para combatirla. Mientras tanto, son muy apropiadas las medidas preventivas: cuarentena para los casos detectados, buena higiene personal, no estornudar en lugares públicos y recurrir a los antivirales cuando los prescriba el médico. Las autoridades sanitarias nacionales e internacionales han emanado las disposiciones que el sentido común aconseja. Lo que ahora hace falta es que los organismos políticos internacionales promuevan las condiciones para que esto no se repita. Porque el anuncio de epidemias repercute, y mucho, en la economía: aumentan los especuladores que apuestan en bolsa por los laboratorios farmacéuticos que van a producir las vacunas, y bajan las ventas de determinados alimentos (esta vez los que se elaboran a partir del cerdo). Una epidemia no es sólo un problema sanitario. Tiene otras vertientes que suelen quedar escondidas detrás del ruido. Cuando dejen de sonar las sirenas será el momento de prestar atención a esas vertientes. Mientras tanto, inevitablemente algunos se habrán llenado los bolsillos.



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