En este número concluimos la serie de artículos centrados en la ciudad, ámbito en el que la proximidad permite una mejor interacción política. Hemos querido afrontar los males que la aquejan, subrayando la necesidad de reforzar la actitud positiva que todo ciudadano puede adoptar para combatirlos. Esta vez Victoria Gómez habla con Adriana Cosseddu sobre la corrupción: «A medida que avanza una economía de favores e influencias, que altera la relación entre ciudadanos e instituciones, se crea esa zona gris donde el crimen penetra con sus negocios». Valiente y conmovedor al respecto el testimonio del arquitecto Rafael López.
Valientes también, aunque en otro orden de cosas, las consideraciones del psicólogo José Luis Cabezas sobre la soledad, que «puede ser tremendamente dolorosa, o tremendamente inspiradora […]. El centro de la cuestión muchas veces radica en si es una soledad deseada y controlable, o es una soledad no deseada e incontrolable». Sobre el mismo tema Juan Carlos Duque trae a colación a Erich Fromm, cuya experiencia enseña que «la solución madura al problema de la existencia es el amor entendido como arte, y ningún artista nace aprendido. Este aprendizaje requiere disciplina, concentración, paciencia y querer aprender».
Combatir la soledad es lo que nos propone Ana Moreno con su artículo Vacaciones, ¡por fin!, en un intento de redescubrir las relaciones personales, ya que los sondeos del CIS aseguran que, tras la pandemia, «ahora valoramos más a nuestros seres queridos». En la misma línea va la propuesta de nuestros jóvenes redactores con su artículo Queremos un verano inolvidable: «atrevernos a vivir un verano diferente, cuidando las relaciones, nuestro entorno, nuestra propia interioridad».
Para la portada hemos dejado la propuesta de Juan de la Riva, Cambio de rumbo, continuación del artículo publicado en el número anterior, en el que planteaba: «Si las relaciones están en la base de la vida, debemos preguntarnos cómo nos posicionamos ante la naturaleza y cómo son nuestras relaciones con ella». Y al hilo de esto, pero en clave literaria, lean el artículo de Susana Hidalgo, El monólogo de la princesa, puede que nos ayude a «abrir la ventana» y preguntarnos: «¿Qué son estos oros y estos tules en comparación con el esplendor incomparable de la naturaleza?».