En el número de mayo solemos recordar que somos ciudadanos europeos. Esta vez Teresa Freixes, vicepresidenta de la Real Academia Europea de Doctores, viene a recordarnos nuestros derechos como ciudadanos europeos y presenta las novedades que podrían producirse «estableciendo una especie de “ciudadanía ampliada” que incluyera también a los ciudadanos de terceros países que demostraran un arraigo importante en cualquiera de los Estados miembros». Quizás esta perspectiva logre abordar el problema migratorio que nos refresca Francesc Brunés en su artículo, recordando que entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU figura la necesidad de «facilitar una migración y una movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables». En torno a este asunto gira también la Semana Mundo Unido, cuya acto central tendrá lugar en Bruselas. De ello nos habla la entrevista de Teresa Ausín a uno de sus organizadores, Conleth Burns.
Otro asunto de relieve lo presenta Petra Tabanera: «Menores y familias en conflicto y el deber de la sociedad», sobre el fenómeno cada vez más creciente y poco conocido del maltrato de hijos menores a sus padres. La autora, psicóloga y asesora en Fiscalía de Menores, aboga por que «la sociedad, impersonada por los cercanos y más próximos, debe construir una red de vínculos que comparta y restaure las heridas de nuestras familias». A propósito de menores, no se pierdan los consejos de Jesús García para salvaguardar a los hijos del daño que causa la pornografía en internet. Como contrapunto, nuestros redactores más jóvenes nos invitan a «Atreverse a ser coherentes», porque «estamos rodeados de factores que nos obligan a ser de una determinada forma, nos empujan a hacer lo que todos hacen. Es una cultura que quiere impedirnos ser nosotros mismos».
Y nos sumamos a la conmemoración de 30º aniversario de la Economía de Comunión con el artículo de Ana Moreno, en el que un empresario afirma: «Una sociedad que cree que el dinero es lo más importante encuentra el vacío. Lo más importante es el hombre, el dinero tiene que estar al servicio del hombre, que se siente realizado cuando ama al prójimo».