La portada de este número es como poco llamativa. Remite al artículo de Mª Teresa Ausín, que presenta, con dos testimonios, la inquietud de los jóvenes por afrontar los efectos de la pandemia «más allá de nuestras fronteras», allí donde la falta de recursos y las deficiencias en sanidad pueden causar estragos. La imagen, real pero no reciente, tiene cierto carácter de icono, si le damos el significado simbólico de una juventud que abraza y acoge las dolencias de un sector de la humanidad habitualmente indefenso.
Mientras en otras latitudes la pandemia sigue en aumento, aquí hemos iniciado el camino hacia la normalidad «con más miedo que vergüenza». Del miedo, o mejor, los varios miedos que el estado de alarma nos ha metido en el cuerpo, habla el artículo de José Luis Guinot, y propone combatirlos con una actitud de vigilancia, ya que «la vigilancia está por encima del miedo, pues su causa es el amor a los que son importantes para nosotros».
En este nuevo contexto social, especial protagonismo lo van a tener los jóvenes y adolescentes, quienes, como siempre, a ojos de los adultos parecerán despreocupados y hasta «negligentes»; por eso, para intentar acercarnos a su forma mentis, el artículo de Jesús García da algunas claves para comprender que «vivimos un tiempo en que los chicos no quieren crecer y los adultos queremos parecer adolescentes». Un complemento importante a este artículo lo encontrarán en la columna de Pilar Escotorín «Adolescentes buenos, felices y aplicados». Y una concreción estimulante se puede leer en las páginas «Generación 3» con las consideraciones de nuestros redactores adolescentes sobre los últimos rebrotes de racismo en Estados Unidos.
No podíamos dejar de lado que este es el número del verano. Ana Moreno nos propone un turismo «más allá de sol y playa» porque, a tenor de las lecciones que la pandemia nos ha dado, cabe preguntarse si el turismo sostenible no será «una oportunidad oculta en esta crisis».