Sin duda el interrogante que a todos nos acongoja ahora mira hacia el futuro: ¿cómo vamos a salir de esta? Cabría recordar al respecto que la humanidad, en su conjunto, ha superado tragedias mayores que la que ahora estamos afrontando, con un elevado coste humano, es verdad. Y eso es lo que probablemente queremos evitar: el elevado coste humano, que nadie se quede tirado.
Mirando pues hacia el futro, Juan Carlos Duque nos ilustra con la teoría cisne negro, que si bien se aplica al ámbito económico, con ella también puede hacerse una lectura sociológica, y el reto pendiente está en «la explicación a posteriori» de lo que ha ocurrido. «Esperemos –dice– que esta vez, como humanidad, logremos aprender algo». Al parecer ese «algo», tal y como recoge Ana Moreno en su artículo, estriba en un cambio necesario: «no aumentar la diferenciación y la exclusión social en un modelo económico globalizado y desigual, sino tejer redes que prioricen a las personas para que nadie se quede descolgado».
Mirando hacia atrás, el pasado, algunos de los errores que nos han traído hasta el momento actual los desgrana Michele Zanzucchi en «Vocabulario de la pandemia», haciendo hincapié en una política que en lugar de «generar procesos duraderos», ha perdido el tiempo «ocupando espacios de poder», desatendido así las urgencias que plantea el desarrollo de la humanidad y propiciando una «pandemia de desigualdad» antes de que llegara esta pandemia sanitaria.
Pero nos interesa sobre todo el presente, que sigue dejando un reguero de víctimas. Jesús Morán, en su artículo «Somos (un) cuerpo» nos propone una lectura sobre la enfermedad y la muerte desde la antropología cristiana, dejando de ser «signos de degeneración y destrucción sin sentido, sino más bien unos momentos dramáticos en el camino de nuestra transfiguración psicosomática y espiritual». También sobre el momento presente versan las páginas de Victoria Gómez en sus páginas dedicadas al centenario de Chiara Lubich.