La formación del primer gobierno de coalición de nuestra reciente historia democrática abre una etapa interesante y delicada, con multitud de retos, algunos complicados. Las reacciones de los actores sociales van desde el rechazo absoluto a priori, por razones ideológicas, hasta el apoyo firme de quien considera que por fin se dan las condiciones para abordar problemas enquistados, pasando por quien mantiene una posición recelosamente expectante.
En este contexto todos debemos desempeñar nuestra función en la sociedad con responsabilidad y altura de miras, no solo para asegurar una convivencia tolerante, sino con la voluntad de aportar lo mejor al bien común y lograr la solución adecuada a los problemas, sobre todo los que afectan a las personas más vulnerables. Dada la creciente polarización, la tarea no se presenta fácil, pero ello no debe desalentarnos; al contrario, hemos de convencernos de que superaremos con nota los retos, si trabajamos unidos, sabiendo que toda opción política responde a una necesidad social y es necesaria para el conjunto.
Para que esto ocurra es preciso ser proactivos, acercarse sin prejuicios a quien no piensa como yo y escucharlo a fondo, dejando a un lado mis ideas y valorando lo positivo que tienen las suyas. Esta actitud es la base de un diálogo fructífero, que es el bálsamo para empezar a cicatrizar las heridas abiertas en el tejido social, dispuestos a tender puentes sobre los ríos que nos separan, muchas veces por la desconfianza debida a la falta de relación y conocimiento mutuo entre personas, grupos sociales, instituciones...
Esta propuesta está muy bien pero podría parecer utópica, teniendo en cuenta nuestra situación social, si no fuera porque en cada número proponemos experiencias de personas que han decidido actuar así. Basta tener las ideas claras y la determinación de realizarlas, no solo en nuestro entorno físico, sino participando en redes sociales y medios de comunicación. Para ello es útil organizarse en grupos de interés para apoyar valores comunes (véase Ciudad Nueva nº 580, pág. 10), lo cual da lugar a una sociedad más vertebrada y activa, capaz de presentar propuestas factibles a los poderes públicos. Actuar así seguramente nos requerirá abrir la mente y dilatar el corazón; aunque a veces no sea fácil, siempre será positivo.