Todas las personas son migrantes o descendientes de migrantes, si tenemos en cuenta que nuestro mundo empezó a poblarse de seres humanos a partir del primer grupo que salió de África hace millones de años. A esta conclusión llegaba el economista británico Bob Sutcliffe al publicar en 1998 Nacido en otra parte. Ensayo sobre la migración internacional, el desarrollo y la equidad. De manera voluntaria o forzosamente, por una u otra causa, el ser humano no ha dejado de desplazarse de un lado a otro del planeta.
Por cálculos estimativos se podría aventurar cuándo hubo más migraciones en la Historia, pero solo en los tiempos modernos empieza a haber registros al respecto. En este sentido, y considerando solo a las personas desplazadas forzosamente, pues esa es su competencia, ACNUR asegura que, desde que maneja datos, en 2018 se llegó al récord histórico de 70,8 millones de desplazados a causa de los conflictos, la guerra o la persecución.
A este contingente de seres humanos queremos acercarnos con este número. Victoria Gómez nos recuerda en su artículo que, si la actual crisis migratoria nos parece una «inesperada, repentina y catastrófica emergencia», quizás es porque vemos el fenómeno parcialmente. Subraya además, con palabras del papa Francisco, que «no se trata solo de migrantes», sino de personas, y a ellas se ha acercado en una casa de acogida de Valencia. Ana Moreno, por su parte, nos presenta el informe «Vida en la necrofrontera. 2019», cuyos escalofriantes datos y los testimonios de quienes quieren llegar a Europa podrían llegar a plantearnos que «no los entendemos, ni lo intentamos». Y el artículo de Javier Rubio, Paz sin fronteras, resume la sesión inaugural del encuentro internacional de oración por la paz que organiza la Comunidad de San Egidio y que este año ha recalado en Madrid. Afirmaciones como «Las fronteras definen una identidad, pero pueden llegar a ahogarla […], además su función disuasoria hoy es más que discutible ante ciertos fenómenos, como las consecuencias de los desastres ecológicos», del profesor Andrea Riccardi, dan mucho qué pensar.