Según la clásica teoría lingüística que nos han enseñado en la escuela, los factores a tener en cuenta un acto comunicativo son: el mensaje mismo, quien lo emite, quien lo recibe, el canal por el que se transmite, el contexto al que se refiere y el código utilizado. Sin entrar en materia académica, parece evidente que los dos extremos de este diagrama son el emisor y el receptor, de hecho se suele representar gráficamente así. Y lo son porque sin ellos, que son los «agentes», los elementos «vivos» de la comunicación, esta no existiría.
Tal y como está evolucionando la «sociedad de la información», se diría que los protagonistas ya no son el emisor y el receptor, ni siquiera el mensaje. Es el canal. Y cuando hoy decimos canal, hay que pensar en cualquier dispositivo electrónico que haya entrado en nuestra vida. Un ejemplo: los mensajes cortos a través del móvil mediante una aplicación. Cuando empezó este fenómeno, no hace tanto, vivíamos pegados al móvil. Hoy estamos saturados. Lo malo del asunto es que el canal ha generado hábitos… y condicionamientos. No es raro que alguien te reproche: «¡No lees mis mensajes!» o «¿Por qué no tienes activada la aplicación?», como si el receptor tuviera «obligaciones» y el emisor «derechos». Solo que, hasta donde sabemos, ni emitir un mensaje (hablar, escribir…) ni recibirlo (oír, leer…) están en la lista de los derechos.
Vale la pena asomarse al cortometraje del joven realizador Alejandro Morala, Marco 99 (en Youtube: “Marco_99” - cortometraje). Aborda otro condicionamiento que este canal ha generado: si se te estropea el móvil, estás aislado y puedes parecer un individuo asocial. En breve, Morala denuncia el peligro de vivir dentro de la burbuja de las redes sociales, el rechazo a las formas de comunicación tradicionales y la dificultad de dialogar cara a cara.
Lejos de querer demonizar las redes sociales, que al fin y al cabo es solo una herramienta y presta un importante servicio a la comunicación, tratemos más bien de no olvidar que vivimos de relaciones personales, que tenemos muchas oportunidades y hay que saber provecharlas.