De Europa, América y Oriente Medio. Los Campos de Trabajo internacionales Hombre Mundo, organizados por Chicos por la Unidad, han reunido en Croacia, Serbia y Polonia a jóvenes de todo el mundo durante dos semanas. Jóvenes que también han trabajado para pagar el viaje: limpiando locales, dando clases, vendiendo manualidades y dulces elaborados por ellos mismos… Todo para poder compartir esta experiencia de unidad que muchos, como Alicia Hidalgo, de Madrid, desean «repetir sin lugar a dudas».
Durante la primera semana (del 17 al 23 de julio), los participantes pudieron descubrir las bellezas y desafíos de las diferentes culturas allí reunidas y tuvieron la oportunidad de conocer mejor el país que les acogía. También hubo momentos de diálogo y experiencias sobre la paz, situaciones familiares y sociales, talleres de comunicación y otros temas que les preocupan (presión social, apertura y conocimiento de los demás, etc.).
Una semana después se repartieron en grupos por Croacia, Eslovenia, Hungría, Rumanía, República Checa, Eslovaquia, Bulgaria, Lituania, Polonia, Macedonia e Italia, a la vez que se desarrollaban otros Campos de Trabajo locales en 42 ciudades.
Los 25 españoles fueron a Šibenik, al sur de Croacia, junto a otro grupo de croatas. Allí, además de descubrir la región y de alguna zambullida en el mar, trabajaron juntos para preparar juegos para los chavales de un reformatorio, pasar un tiempo en un centro con chicos con discapacidad psíquica, limpiar playas y acabar con un concierto en una plaza.
«Unidad y diversidad» han sido las palabras destacadas por Samuel Seoane, de Burgos. Martí Rodríguez, de Girona, destaca la oportunidad de haber conocido a tanta gente de diferentes culturas y lugares, y por la posibilidad que este campo de trabajo les ha dado a todos de «poder hablar con ellos y darse cuenta de la realidad que otros viven cada día».
Natalia Pacheco, de Las Matas (Madrid), se queda con el «poder contar con toda esta gente y darme cuenta de que incluso con gente que vive a 6.000 km y que vive realidades totalmente diferentes a la tuya, puedes compartir muchísimo más que a lo mejor con gente que ves todos los días».
Muchos coinciden en la dificultad para expresar con palabras lo que allí han vivido y la invitación a vivirlo en primera persona. Pero se van con un objetivo de vida claro y no tan utópico como podría pensarse: vivir por un mundo unido. ¿Qué más se puede pedir?