Daniel Goleman, conocido por sus formulaciones sobre la inteligencia emocional, recoge en su libro El espíritu creativo algunos ejemplos de esas críticas que se suelen producir ante nueva ideas. Un caso: en 1946 Daryl F. Zanuck, director de los estudios cinematográficos 20th Century, dijo de la televisión: «Después de los primeros seis meses, este aparato no se mantendrá en ningún mercado que logre captar. La gente se cansará pronto de mirar todas las noches una caja de madera». Se equivocó.
Inevitablemente, tendemos a ser «conservadores» y oponer resistencia al impulso creativo de otros, solo porque «las cosas siempre se han hecho así». Y esto en cualquier ámbito. Cuesta mucho cambiar, incluso cuando las rutinas funcionales llegan a matar de aburrimiento.
Sin embargo, la creatividad es imprescindible. Así lo manifiesta Jesús Morán comentando su libro Fidelidad creativa. El reto de la actualización de un carisma, publicado en italiano por la editorial Città Nuova. En él aborda la necesidad de mantener viva la inspiración que da origen a un carisma, y dice al respecto: «Solo el creativo es fiel al carisma. No es fiel quien repite, sino quien realiza un esfuerzo de creatividad». A esto lo llama «proceso de actualización», que no se aparta del camino, sino que lo sigue, «desarrollando otros conceptos y otros lenguajes», porque los tiempos cambian.
Según muchos pensadores, la creatividad es la potencia que mueve la humanidad hacia adelante, dejando la poltrona de lo ya trillado. Aplicando el concepto a la Iglesia, Benedicto XVI dijo en cierta ocasión que «normalmente son las minorías creativas las que determinan el futuro» por su «herencia de valores, que no son algo del pasado, sino una realidad muy viva y actual».
Hay que tener el coraje de pararse a señalar esas formas que nos parecen inmutables, pero que en realidad son relativas, ligadas a un momento histórico, y cambiarlas. La actualización nos hace protagonistas de nuestra historia.
CN