Arte, música, literatura… Las «humanidades» son importantes, especialmente para los ancianos y las personas con depresión. Al menos eso dicen los expertos. Cabe preguntarse, pues, ahora que empieza el curso escolar, por qué en la mayoría de países occidentales estamos reduciendo el horario de las humanidades y se insiste, por ejemplo, en que es más importante la informática que tocar un instrumento, o aprender inglés en lugar de estudiar literatura.
China en su momento desdeñó el confucianismo y ahora lo ha reintroducido en las escuelas. Y Corea invierte en la educación musical de sus alumnos. Se ve que en estos países orientales entienden que las personas sin una formación ética y espiritual son emotivamente más frágiles y poco creativas. Porque mucho se habla de creatividad e «innovación», pero la creatividad, al contrario que su aplicación, no se aprende en las escuelas para «creativos» ni en las de negocios. Más bien surge cuando el alumno crece rodeado de belleza, gratuidad, naturaleza y valores que no obedecen a un fin lucrativo.
La literatura, el arte o la música ayudan a formar emociones y sentimientos. Aprendemos lo que es el bien y el mal con los cuentos que oímos de niños, y a partir de ahí interpretamos los hechos sociales. Un pueblo educado a base de videojuegos y teleseries pronto se quedará sin espíritu cívico y democrático.
Sin una educación de las emociones no sabremos llorar por nuestras víctimas ni por las de los demás. Visitaremos indiferentes un viejo campo de exterminio mientras oímos música a la vez que enviamos algún mensaje por Whatsapp. Y es que para poder apreciar las huellas que ha dejado la historia antes hay que «cultivar» el alma y poseer una interioridad capaz de lamentar los errores del pasado. Muchos regímenes han querido eliminar la formación humanística o reducirla a propaganda. También el capitalismo sigue esos derroteros, pero lo hace sin que nos demos cuenta de cuánto está manipulando nuestras conciencias.
CN