Oír hace referencia al ámbito de la información», «escuchar evoca la comunicación y necesita cercanía», se lee en el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (8 de mayo). La puntualización es relevante. Informar y comunicar no es lo mismo. Recibimos torrentes de información (conversaciones, prensa, televisión, ordenador, móvil…) que no conseguimos procesar porque nuestra capacidad de escucha es limitada. «Escuchar –dice el papa– nunca es fácil. A veces es más cómodo fingir ser sordos». La escucha es algo activo y supone «una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo», y añade un factor que se suele omitir: «Saber escuchar es un don que se ha de pedir [a Dios] para poder después ejercitarse».
Tampoco son equiparables el informador y el comunicador. El primero nos deja indiferentes; el segundo nos toca la fibra sensible. «La comunicación –dice Francisco– tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión». Ese es el reto para el cristiano: que sus palabras tengan la intención de alimentar la comunión, aun cuando se trate de denunciar el mal. No es fácil; también hay que «pedir» este don.
El mensaje de Francisco reflexiona sobre la relación entre la comunicación y la misericordia e invita a ejercitar «la ternura y el perdón de Dios», desde las relaciones en familia hasta las relaciones entre pueblos, pasando por la escuela, el trabajo o la política, porque «la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar».
A propósito de nuevas tecnologías, el medio no determina la calidad de la comunicación. En el ámbito digital también podemos «acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral», pues estamos hablando de personas. «En un mundo dividido, fragmentado, polarizado –concluye–, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad».
CN