Pepa Fernández, periodista de Cervera (Lérida), lleva 32 años en la radio y suena tan natural como es. Desde 1999 dirige las mañanas del fin de semana de RNE. ConNoesundía cualquiera ha viajado por toda España. Entre sus premios, dos Ondas, dos Micrófono de Plata y la Antena de Oro.
–Pepa Fernández se define como...
–Curiosa, inquieta, tiquismiquis y creo que buena persona.
–¿ Y cómo sabe uno si es buena persona?
–Porque intenta hacer las cosas bien con los demás, que estén más contentos que una misma. Es decir, tu felicidad pasa por la de los demás, con lo cual intuyo que debo serlo.
–La verdad es que escuchándola ya se intuye que lo es.
–Sí, bueno, lo intento. Y como soy feliz cuando los demás lo son, tengo esa sensación. Pero conmigo misma no soy tan buena; soy muy perfeccionista y no me doy demasiada tregua.
–Pero esa también es una clave para ser una estrella.
–No lo sé; viviría mejor siendo menos autoexigente... Esto parece de psiquiatra, ¿no?
–¡No, hombre! (risas). Cuánto ha cambiado la radio, ¿no?
–Muchísimo, pero más en lo técnico que en el contenido. Siguen funcionando las mismas cosas que funcionaban, pero técnicamente no la conoce ni la madre que la parió (risas).
–Lo suyo es un rara avis. Acaba de cumplir 1.500 programas y ¡suma y sigue!
–Ya no sé si vamos a seguir mucho, pero haber llegado hasta aquí en un programa de fin de semana tiene tela. Son más de 16 años seguidos en la misma emisora, franja horaria, dándole forma a un programa del que me hice cargo y que he ido transformando como yo quería. Pero no puede durar eternamente.
–¿Pero hay fecha de caducidad?
–No, este año y el que viene vamos a continuar. Después ya veremos. Yo nunca pienso en llegar a ningún sitio.
–¡Pues fíjese adónde ha llegado!
–Creo que llego porque no pienso en llegar, porque si no, seguramente no llegaría.
–Hablando de llegar, ¿ya han visitado todos los lugares de España?
–Todas las provincias, sí, pero no todas las capitales. Nunca he ido con el programa a Tarragona o Guadalajara, ni tampoco a Melilla.
–Algo que le apasione hacer...
–No hacer nada (ríe). En general, [los días libres] los destino, cuando es época de setas, a buscarlas; voy al cine, al gimnasio... A hacer esas cosas para las que durante el frenesí semanal no hay tiempo.
–En su libro Lo que la vida enseña recoge experiencias de 17 grandes personajes, ¿pero qué le ha enseñado la suya?
–Que hay que ser perseverante, que incluso en los malos momentos hay que ser capaz de tener esperanza y que todo pasa y nada es tan importante.
–Ahora que estrenamos año, ¿algún propósito?
–¿Sabes aquello de «Virgencita, que me quede como estoy»? Pues más o menos. Prefiero no planificar. A veces te pasas la vida planificando y después no dejas que pasen las cosas. Pues no, ¡a la aventura!