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Adquirir cultura económica

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Para comprender lo que está ocurriendo en los mercados financieros y el porqué de la inestabilidad en las economías europeas más frágiles...
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Para comprender lo que está ocurriendo en los mercados financieros y el porqué de la inestabilidad en las economías europeas más frágiles hay que corregir la miopía que nos hace ver mal o no ver en absoluto los cambios de largo alcance, de los que derivan los de corto plazo. Por ejemplo, no entenderemos lo que ocurre en España si no vemos la crisis moral y social que atraviesa desde hace décadas. El país ha crecido apostando por el turismo y los servicios, olvidando (también a causa de una política europea corta de miras) los sectores primario (agricultura) y secundario (industria). Las economías basadas en el sector terciario y en el comercio siempre serán más frágiles e inestables. Esta crisis debe hacernos reflexionar sobre la vocación económico-productiva de los países mediterráneos, si no queremos convertirnos en un enorme parque temático al que los ciudadanos de otros países, los verdaderamente ricos, vengan de vacaciones. Si miráramos de lejos, entenderíamos que la operación euro –tal y como se ha llevado institucionalmente– ha acabado por debilitar a los estados más débiles, que hoy no deberían esperar a que Alemania les ponga en una “Eurolandia de segunda divisiónâ€, sino jugar por adelantado y pedir una revisión de los tratados para impedir ataques especulativos como los de los últimos meses. También entenderíamos que Europa sólo salvará a sus países en crisis, y por lo tanto a sí misma, invirtiendo su energía política en revisar la arquitectura financiera mundial que, cinco años después de la crisis, sigue siendo prácticamente la misma. Y eso es demasiado grave. La opinión pública debe hacer más. El bombardeo de los índices bursátiles, la prima de riesgo y el interés de la deuda, cifras que están dominando nuestra vida, surte un efecto hipnótico que bloquea cualquier iniciativa ciudadana tendente a pedir más participación en las decisiones, más democracia. Uno de los motivos es la casi total ignorancia de los ciudadanos en materia económico-financiera, que crea inseguridad ante la clásica respuesta del experto: «La cuestión es mucho más compleja». Pero la complejidad no hay que padecerla, sino afrontarla. En el mundo contemporáneo se ha producido un cambio radical, tal vez sustancial, de la economía. El mercado se está convirtiendo en la gramática principal de las relaciones sociales. Empeñarnos en interpretar el mundo sin entender la importancia clave de la nueva economía es equivocado y conduce a diagnósticos y tratamientos erróneos. Seguimos considerando la economía, su lenguaje y sus técnicas como un ámbito separado de la vida ciudadana, propio de expertos, para sumergirnos después en un cúmulo de informaciones económicas (y símbolos) que llena nuestros desayunos, comidas y cenas. Tenemos urgente necesidad de invertir en educación económico-financiera en las escuelas de todo tipo y grado ya existentes, porque la única manera de reducir la invasión de la economía y las finanzas, y tal vez gobernarlas con más democracia, es conocerlas bien o, por lo menos, mejor. Pero no basta. Es necesario poner en marcha escuelas populares de economía y finanzas en las comunidades, en las asociaciones, en las parroquias. La democracia empezó de verdad en los pupitres de los colegios, con la literatura, la poesía y las matemáticas, que nos transformaron de siervos en ciudadanos. Hoy la nueva democracia exige que nos formemos también en economía y finanzas si queremos ser verdaderamente libres y no quedar al albur de técnicos, índices y “férreas leyesâ€. Nuestra libertad sustancial pasa hoy también por una mayor y mejor cultura económica y financiera, si no queremos volver a ser súbditos de nuevos reyes y nuevos príncipes, sin rostro pero no por ello menos despiadados.



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