Iniciar sesión
Debe iniciar sesión para poder comprar libros y acceder a la información para suscriptores de la revista LAR.
Mail*
Contraseña*
¿Aún no tienes cuenta?
Regístrate y crea una cuenta
¿Olvidaste tu contraseña
Mail*
Le enviaremos un correo electrónico para restablecer su contraseña.
LA MIRADA DE LA SEMANA
Beatriz Márquez
Vivir apresuradamente
PUBLICADO

18 de noviembre de 2024

Los viajes, los retiros, las escapadas de un fin de semana, son mecanismos de huida frente a la rutina que nos permiten olvidarnos un poco de una realidad en la que nos encontramos tan inmersos que puede llegar a resultar enfermiza. Realmente pueden llegar a causar enfermedades, y no hablo solo del plano psicológico, ya que sabemos bien cómo puede afectar a lo somático.

El descanso es aquello que más nos falta, aquella paz de la que carecemos. En lugar de eso, vivimos en una constante violencia que nos exige rendir desde distintos frentes. El problema de ese rendimiento es que es, además, autoimpuesto. Para salir de esto hace falta un cambio desde dentro, pero por supuesto que es un problema social.

La sociedad del cansancio es un concepto presentado por Byung-Chul Han mediante el cual defiende que vivimos en una sociedad donde las exigencias de eficiencia no vienen ya del exterior, sino desde nosotros mismos. La infelicidad parece llegar al no sentirse productivos, lo que viene acompañado necesariamente de la ansiedad y la depresión.

Comencemos con una pregunta: cuando hacemos una pausa de todo, en forma de pequeñas vacaciones, ¿no es cuando vemos con mayor claridad lo que necesitamos, vemos qué nos preocupa realmente, distinguimos qué es lo que nos llena? Y ahora, imaginemos que esa clarividencia nos acompañara siempre, en nuestra rutina, durante todo el año. Pero esto no sería posible, porque necesitaríamos una prudencia propia del sabio contemplativo, de aquel que tiene el tiempo para filosofar.

Expuesta la dificultad, observemos las consecuencias de la vida hiperactiva. Cuando se acerca un fenómeno meteorológico que amenaza la vida de las personas, ¿es la primera respuesta parar la actividad de la ciudad? Desgraciadamente, no. Ha sido la segunda respuesta, la de noviembre, pero no la de octubre. También las depresiones y la falta de sentido ante la vida se relacionan con esta autoexigencia hiperactiva. Formamos un autoconcepto basado en nuestro rendimiento. Tras completar la tarea, seguimos sintiendo el vacío.

 

Señalemos entonces el problema: no podemos vivir sin prestar atención a lo importante porque lo urgente apremia y es necesario reducir. Lo que no podemos hacer es reducir nuestra forma de vivir, recortar aquello para lo que no tenemos tiempo, posponer aquello que nos llena para poder terminar el trabajo. Necesitamos lo “innecesario”, porque lo “innecesario” nos hace libres. Ahí se encuentra la capacidad creativa de autodefinición. Cada uno tiene, no solo la libertad, sino la responsabilidad de decir “no”, de parar y de dedicarse a una actividad que lo llene, o de lo contrario eliminamos nuestro aspecto espiritual.

Muchos jóvenes ignoran qué es la espiritualidad, de hecho piensan que es un aspecto religioso del ser humano. La vida reducida que vivimos los lleva a deducir que más allá de lo material se encuentra lo psíquico como herramienta, pero nada más. La conciencia es útil para el estudio y el trabajo, pero las preguntas no van más allá.

 

Cuando comenzamos el trabajo, cada día vamos corriendo de un lado a otro debido al ajetreo, vamos apagando fuegos. No se nos ocurre llegar, sentarnos y observar. Sería muy extraño comenzar a mirar a cada persona a la cara y tomarnos el tiempo de reflexionar: ¿por qué hoy ella no se ha maquillado? O, ¿por qué él lleva una semana durmiéndose en clase? ¿Cómo vamos entonces a pensar que una sociedad así, que no pregunta, que no piensa y que no descansa, va a priorizar la vida de las personas por encima de todo lo demás?

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura