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LA MIRADA DE LA SEMANA
José Luis Guinot
Una tragedia que puede generar esperanza
PUBLICADO

17 de junio de 2024

El jueves 22 de febrero no podíamos creer las imágenes de un inmenso incendio en Valencia, devorando un edificio enorme en pocas horas. Asistimos a un rescate épico de los bomberos que arriesgaron sus vidas más allá de los límites de seguridad. Diez fallecidos dejan familias destrozadas y más de cuatrocientas personas han perdido absolutamente todas sus posesiones y recuerdos. Un suceso que marcará sus vidas para siempre y que deja huella, y hay que analizar para evitar que se repita.

Entre tanto sufrimiento una gran ola de solidaridad ha sorprendido a todos. Desde el mundo de las Fallas, clubes deportivos, parroquias, asociaciones vecinales, iniciativas particulares, se han volcado a buscar recursos para ayudar a estas familias. Y las autoridades civiles, de cualquier tendencia, se han unido -como ya creíamos que era imposible- ante una tragedia humana que supera cualquier ideología. Señal de que esta sociedad tan polarizada, con tanta crispación, con enfrentamientos políticos, tiene arraigada una capacidad de compasión ante el dolor ajeno mucho mayor de lo que parece. Es un motivo de esperanza pues existe una convivencia social profunda que sale a la luz cuando las cosas son realmente difíciles y no hay más remedio que actuar unidos.

Es muy difícil comprender lo que significa perder la casa donde conservamos todo lo que poseemos, el hogar, el proyecto vital al que se han dedicado tantos recursos. ¿Cómo responderíamos si de pronto nuestra vida se truncase? Es una reflexión colectiva de lo efímero de las posesiones en las que apoyamos nuestra riqueza, y de que realmente lo valioso es lo que no se puede quemar: las relaciones, la familia, los amigos, el amor de los seres queridos, el trabajo en que nos realizamos… una oportunidad de rehacer la escala de valores.

La pérdida de seres queridos supone un duelo, con todas sus fases, nuestra tarea es estar al lado de los familiares, hacer un acompañamiento emocional para que sigan su proceso natural por la pérdida y vayan asimilando su nueva etapa vital. Aquellos que han salvado la vida han de pasar también el duelo de la pérdida vital, de su proyecto personal o familiar, y tendrán que construir una nueva historia, para lo que necesitan su tiempo y ritmo. La rapidez de actuación de las autoridades y voluntarios es un gran soporte para acompañar este largo proceso de reconstrucción de la vida que continúa, en la que el apoyo emocional es también esencial.

Se trata de convertir la solidaridad en una manera de comportarnos, en esa fraternidad que debe ser modelo de vida social, para compartir con quienes tienen menos, no solo ante una tragedia como ésta. Al final, una gran adversidad está sacando la versión más humana y compasiva de cada persona y genera esperanza porque formamos parte de una sociedad que sabe lo que es realmente importante y es capaz de responder unida ante el sufrimiento de otros.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura