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Un método sinodal para caminar juntos a la escucha del Espíritu
PUBLICADO

09 de julio de 2025

En la mañana de introducción del Encuentro internacional de párrocos para el Sínodo, del 29 de abril al 2 de mayo de 2024 en Sacrofano (Roma), la subsecretaria de la Secretaría general del Sínodo ilustró con este discurso cómo funciona el método de la conversación en el Espíritu y cómo ha cobrado cada vez más importancia en el camino sinodal pero también cuáles son, históricamente, algunas de sus raíces.

Intentando recoger los frutos del camino recorrido de 2021 a 2023, el Instrumentum laboris para la primera Sesión de la Asamblea Sinodal (= IL 2023) enumera primero una serie de rasgos distintivos de una Iglesia sinodal y luego destaca la conciencia de que una Iglesia sinodal se caracteriza por una manera específica de proceder que la experiencia de la primera fase de la Asamblea Sinodal (= IL 2023) identificó como conversación en el Espíritu[1]. Un primer fruto del camino es, por tanto, una metodología sinodal que ha suscitado alegría, impulso misionero y conciencia de ser Pueblo de Dios. Así hablan de ello algunas contribuciones recibidas por la Secretaría General del Sínodo.

Los obispos de Apulia escriben en su informe sobre el camino sinodal: «Entre los primeros frutos de este Sínodo podemos destacar la manera de escuchar la "conversación en el Espíritu", que fue muy apreciada por el Pueblo de Dios, y también la presencia de los representantes de los consejos sinodales que, en colaboración con los obispos y los consejos pastorales diocesanos/parroquiales, han ayudado y ayudan a las Iglesias a trabajar en estilo sinodal».

Estudiantes de la Universidad de Fordham en Estados Unidos dicen: «La experiencia de la sinodalidad a través de conversaciones en el Espíritu inspira un sentimiento de esperanza para el futuro de la Iglesia». Por lo tanto, dicen estar convencidos de que «las conversaciones en el Espíritu pueden seguir siendo utilizadas para el discernimiento común por parte de la Iglesia y la universidad, incluso después de las sesiones de escucha de la primavera de 2024». Y reiteran: «Es importante utilizar este modelo tanto en entornos espirituales como seculares, ya que facilita la escucha intencional y el diálogo entre los participantes y puede ser útil para discernir diversas actividades de la vida universitaria».

A la luz de estas y muchas otras conclusiones, el informe resumido de la primera sesión del Sínodo observó que «la experiencia de la conversación en el Espíritu fue enriquecedora para todos los que participaron». En particular, «se valoró un estilo de comunicación que favorece la libertad en la expresión de los propios puntos de vista y la escucha mutua». Con un efecto importante: «Se evita pasar demasiado rápido a un debate basado en la reiteración de los propios argumentos, que no deja espacio y tiempo para comprender las razones del otro» (RdS 15a).

Un método ampliamente apreciado y extendido universalmente

En realidad, se trata de un método sugerido al inicio del Sínodo para la consulta local (ver descripción en el Vademecum que acompañó el Documento Preparatorio del Sínodo), probado a lo largo del proceso sinodal y cada vez más valorado, como ya se señaló en el informe de octubre de 2022 el Documento de trabajo para la escena continental, cuando todavía se hablaba, más genéricamente, de «conversación espiritual». El método de la conversación espiritual «ha permitido a muchos mirar honestamente la realidad de la vida de la Iglesia y llamar a las luces y a las sombras por su nombre». Aún más: «Esta valoración leal inmediatamente ha dado frutos misioneros: «Hay una fuerte movilización del Pueblo de Dios, la alegría del encuentro, del caminar juntos y hablar libremente. Alguno cristianos que se habían sentido heridos y se habían alejado de la Iglesia regresaron con ocasión de esta fase de consulta «(Conferencia episcopal de la República Centroafricana)» (DTC 17).

Las aportaciones que poco a poco llegaron desde los distintos continentes dejaron claro que, de hecho, se trataba de un método destinado a difundirse cada vez más en los distintos lugares eclesiales, empezando por las diócesis y parroquias, como lo demuestra, entre otros, el documento final del encuentro continental de Asia: «Es un proceso que debe penetrar todos los niveles de la vida de la Iglesia. El proceso de sinodalidad, es decir, el discernimiento y las conversaciones espirituales, deben formar parte de ahora en adelante de la vida y del ministerio de la Iglesia. Algunas Iglesias en Asia ya han comenzado a poner en práctica los frutos de la escucha durante la primera fase del proceso sinodal» (n. 189).

¿De dónde viene este método?

A menudo nos preguntan de dónde viene este método. Las raíces son múltiples.

En primer lugar, la experiencia en el terreno, como supo señalar la Comisión sinodal para la metodología, cuando escuchó las buenas prácticas sinodales. El método de la conversación espiritual resultó útil, por ejemplo, en el Consejo Plenario de Australia (2018-2022), pero también en la vida consagrada a la hora de hacer discernimiento comunitario y, en particular, en los Ejercicios Espirituales Ignacianos para grupos y organizaciones (Canadá, EE.UU.) que apuntan a la experiencia de discernimiento comunitario con finalidad apostólica.

Pero entre las fuentes también podemos mencionar prácticas ancestrales que surgen de la sabiduría humana, como los talking circles (círculos de diálogo) de determinadas poblaciones indígenas o las conversaciones bajo el árbol (l'arbre à palabre) en África.

También podemos notar que este método tiene cierta afinidad y consonancia con los métodos actuales utilizados en el mundo de las organizaciones. En el ámbito de las ciencias sociales y de la gestión, la conversación generativa se conoce según la teoría de la U, la cual se define como «un diálogo que se establece en torno a un tema que un grupo de personas ha elegido explorar juntas. El objetivo de este diálogo es comprender el tema que se está explorando y al mismo tiempo profundizar la conexión del grupo o comunidad. La conversación generativa puede verse como el arte de escuchar en grupo».

 Fundamentos teológicos

Entre los fundamentos teológicos cabe destacar, en primer lugar, lo que nos dice la fe sobre los SS. Trinidad y, más precisamente, las repercusiones eclesiológicas y antropológicas de nuestra fe en Dios Trinidad.

De gran importancia es entonces la aportación del Concilio Vaticano II que, además de la eclesiología de comunión presente en Lumen gentium y en otros documentos conciliares, en Dei Verbum nos ofrece una visión claramente dialógica de la Revelación cuando afirma que «El Dios invisible (cf. Col 1, 15; 1 Tim 1, 17) en su gran amor habla a los hombres como a amigos». (cf. Ex 33, 11; Jn 15, 14-15 ) y conversa con ellos (cf. Ba 3, 38 ), para invitarlos y admitirlos en la comunión consigo mismo (n. 2)».

Sin olvidar la encíclica Ecclesiam Suam de Pablo VI que, partiendo del estilo de Dios hacia la humanidad, llama a la Iglesia a un diálogo universal: «La Iglesia debe entrar en diálogo con el mundo en el que vive. La Iglesia se convierte en palabra; la Iglesia se convierte en mensaje; la Iglesia se convierte en conversación» (n. 67).

Escuchar a la manera de Dios como Cristo

¿Qué consecuencias saca de esto la práctica sinodal?

El documento de trabajo para la etapa continental responde: «La escucha como apertura a la acogida a partir de un deseo de inclusión radical –¡nadie excluido!–, entendido en una perspectiva de comunión con las hermanas y hermanos y con el Padre común». Y señala el motivo y el estilo: «La escucha aparece aquí no como una acción instrumental, sino como la asunción de la actitud básica de un Dios que escucha a su Pueblo, y del seguimiento de un Señor que los Evangelios nos dicen que escucha constantemente a las personas que lo encuentran en los caminos de Tierra Santa; en este sentido escuchar ya es misión y anuncio» (n. 11).

El informe resumido de la primera sesión del Sínodo nos ofrece una interpretación teológica de la escucha en dos direcciones: «La escucha tiene un valor cristológico: significa adoptar la actitud de Jesús hacia las personas que encontraba (cf. Flp 2, 6-11); tiene también un valor eclesial, ya que es la Iglesia la que escucha, a través de la obra de algunos bautizados que no actúan en nombre propio, sino de la comunidad» (n. 16 d).

Para la realización concreta del diálogo en el Espíritu, nos remitimos a la infografía específica preparada por la Secretaría General del Sínodo que ilustra las distintas etapas.

Puntos fuertes y actitudes que cultivar

Hay muchos puntos fuertes en la conversación en el Espíritu.

Confianza. Confiamos en la presencia y acción de Dios en nuestro corazón y vida, en el grupo y en cada miembro del grupo.

Justicia. Cada participante se beneficia de las mismas condiciones y del mismo tiempo.

Comunión. El objetivo no es proponer el propio punto de vista en detrimento del de los demás, sino escuchar juntos lo que el Espíritu nos dice.

Inclusión. La voz de cada persona importa. Todos son escuchados y tomados en consideración.

Reconciliación. Hablamos de nuestras experiencias, no de ideas. Esto nos permite ir más allá de las opiniones personales y conectarnos a un nivel más profundo.

Para lograrlo, es evidente que hay que cultivar algunas actitudes. En pocas palabras: fe y confianza en Dios, escucha, humildad, oración, diálogo y compartir, confianza en los demás, libertad interior.

¿Qué está en juego en la escucha?

Para concluir, me gustaría destacar dos perspectivas básicas.

1. Se trata de convertirse en una Iglesia que aprende. Escuchando a los demás y ampliando nuestras perspectivas, descubrimos y experimentamos el rostro y la forma de una Iglesia sinodal donde «todos tienen algo que aprender». Pueblo fiel, Colegio Episcopal, Obispo de Roma: unos escuchando a otros; y todos escuchando al Espíritu Santo, «Espíritu de verdad» (Jn 14, 17), para saber lo que él «dice a las Iglesias» (Ap 2, 7)»[2] .

2. Se trata de ser una Iglesia relacional. Del proceso sinodal surgió con fuerza la necesidad de ser una Iglesia relacional. El informe resumido de la primera sesión del Sínodo afirma: «Este proceso ha renovado nuestra experiencia y nuestro deseo de una Iglesia que sea casa y familia de Dios. Es precisamente a esta experiencia y a este deseo de una Iglesia más cercana a las personas, menos burocrática y más relacional a la que se han asociado los términos «sinodalidad» y «sinodal», ofreciendo una primera comprensión que necesita ser abordada con una mejor clarificación. Es la Iglesia que los jóvenes habían dicho que deseaban ya en 2018, con ocasión del Sínodo dedicado a ellos» (RdS 1b).

 



[1] XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Instrumentum laboris para la primera Sesión (octubre de 2023), A1 y A2.

[2] Francisco, Discurso para conmemorar el 50° aniversario de la creación del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015.

 

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Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura