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Saber escuchar al corazón
PUBLICADO

08 de marzo de 2024

De las catequesis sobre el discernimiento.

Durante los últimos cuatro meses de 2022, el Papa Francisco dio trece catequesis sobre el tema del discernimiento durante sus audiencias generales. A continuación se presentan extractos de tres de estas catequesis que son centrales para los temas en los que se centra este número de Ekklesia.

Cuando Ignacio estaba herido en la casa paterna, no pensaba precisamente en Dios o en cómo reformar su vida, no. Él hace su primera experiencia de Dios escuchando a su corazón, que le muestra un vuelco curioso: las cosas a primera vista atractivas lo dejan decepcionado, y en otras menos brillantes siente una paz que dura en el tiempo.

También nosotros tenemos esta experiencia: muchas veces empezamos a pensar una cosa y nos quedamos ahí, y luego nos decepcionamos. Sin embargo, hacemos una obra de caridad, hacemos algo bueno y sentimos algo de felicidad; te viene un buen pensamiento y te da felicidad, algo de alegría, es una experiencia totalmente nuestra. Él, Ignacio, hace la primera experiencia de Dios escuchando a su corazón, que le muestra un vuelco curioso. Esto es lo que nosotros tenemos que aprender: a escuchar a nuestro corazón. Para saber qué sucede, qué decisión tomar, para opinar sobre una situación es necesario escuchar a nuestro corazón. Nosotros escuchamos la televisión, la radio, el móvil, somos maestros de la escucha, pero te pregunto: ¿sabes escuchar a tu corazón? ¿Tú te detienes a decir: Pero cómo está mi corazón? ¿Está satisfecho, está triste, busca algo?. Para tomar decisiones buenas es necesario escuchar a nuestro corazón[1].

 

***

En la base de dudas espirituales y crisis vocacionales suele haber un diálogo insuficiente entre la vida religiosa y nuestra dimensión humana, cognitiva y afectiva. [… ]

El olvidarnos de la presencia de Dios en nuestra vida va parejo a la ignorancia sobre nosotros mismos –ignorar a Dios e ignorarnos a nosotros–, a la ignorancia sobre las características de nuestra personalidad y sobre nuestros deseos más profundos.

Conocerse a uno mismo no es difícil, pero es costoso: implica un trabajo paciente de excavación interior. Requiere la capacidad de detenerse, de «apagar el piloto automático» para adquirir conciencia de nuestro modo de hacer las cosas, de los sentimientos que nos habitan, de los pensamientos recurrentes que nos condicionan, y, a menudo, sin ser conscientes de ello. Requiere también distinguir entre las emociones y las facultades espirituales. «Siento» no es lo mismo que «estoy convencido»; «tengo ganas de» no es lo mismo que «quiero». Así llegamos a reconocer que la mirada que tenemos sobre nosotros mismos y sobre la realidad a veces está un poco distorsionada. ¡Darse cuenta de esto es una gracia! De hecho, muchas veces puede suceder que convicciones erróneas sobre la realidad, basadas en experiencias del pasado, nos influyen fuertemente y limitan nuestra libertad de jugárnosla por lo que realmente cuenta en nuestra vida. [… ]

Por eso, queridos hermanos y hermanas, es importante conocerse, conocer las claves de nuestro corazón, aquello a lo que somos más sensibles, para protegernos de quienes se presentan con palabras persuasivas para manipularnos, pero también para reconocer lo que es realmente importante para nosotros y distinguirlo de modas del momento o de eslóganes llamativos y superficiales. [… ]

Una ayuda en esto es el examen de conciencia; pero no hablo del examen de conciencia que todos hacemos cuando vamos a confesarnos, no. O sea: «He pecado en esto, en eso…». No. Un examen de conciencia general de la jornada: ¿qué ha sucedido en mi corazón en este día? «Han pasado muchas cosas…». ¿Cuáles? ¿Por qué? ¿Qué huellas me han dejado en el corazón? Hagamos el examen de conciencia, es decir, tener la buena costumbre de releer con calma lo que ha sucedido en nuestra jornada, aprendiendo a observar en las valoraciones y en las decisiones aquello a lo que damos más importancia, qué buscamos y por qué y qué hemos encontrado al final. Sobre todo, aprendiendo a reconocer lo que sacia mi corazón. Porque solo el Señor puede confirmarnos lo que valemos.  Nos lo dice cada día desde la cruz: ha muerto por nosotros, para mostrarnos lo valiosos que somos a sus ojos. No hay obstáculo o fracaso que pueda impedir su tierno abrazo. El examen de conciencia ayuda mucho, porque así vemos que nuestro corazón no es un camino donde pasa de todo y nosotros no lo sabemos. No. Veamos: ¿qué ha pasado hoy?, ¿qué ha sucedido?, ¿qué me ha hecho reaccionar?, ¿qué me ha puesto triste?, ¿qué me ha puesto contento? Qué he hecho mal y si he hecho mal a otros. Se trata de ver el recorrido de los sentimientos, de las atracciones en mi corazón durante la jornada[2].

***

Nadie quisiera estar desolado, triste: esto es verdad. Todos quisiéramos una vida siempre alegre, feliz y satisfecha. Pero esto, además de no ser posible –porque no es posible–, tampoco sería bueno para nosotros. [... ]

Es importante aprender a leer la tristeza. Todos conocemos qué es la tristeza; todos. Pero ¿sabemos leerla? ¿Sabemos entender qué significa para mí esta tristeza de hoy? En nuestro tiempo, la tristeza está considerada mayoritariamente de forma negativa, como un mal del que huir a toda costa, y sin embargo puede ser una campanilla de alarma indispensable para la vida, que nos invita a explorar paisajes más ricos y fértiles de los que la fugacidad y la evasión permiten.  [...] Por eso es indispensable para nuestra salud; nos protege para que no nos hagamos mal a nosotros mismos ni a los demás. Sería mucho más grave y peligroso no percibir este sentimiento y seguir adelante. La tristeza a veces trabaja como un semáforo: «¡Párate, párate! Está rojo aquí. Párate».

En cambio, para quien tiene el deseo de realizar el bien, la tristeza es un obstáculo con el que el tentador quiere desanimarnos. En ese caso, debemos actuar de manera exactamente contraria a lo que se nos sugiere, decididos a continuar con lo que nos habíamos propuesto hacer (cf. Ejercicios espirituales, 318). [...] Una regla sabia dice que no hay que hacer cambios cuando uno está desolado. Será el tiempo sucesivo, más que el humor del momento, el que muestre la bondad o no de nuestras opciones[3].

 

 



[1] Catequesis sobre el discernimiento: 2. Un ejemplo: Ignacio de Loyola, Audiencia general, 7 de septiembre de 2022.

 [2] 4. Los elementos del discernimiento. Conocerse a sí mismo, Audiencia general, 5 de octubre de 2022.

 [3] 7. La materia del discernimiento. La desolación, Audiencia general, 26 de octubre de 2022. 

 

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura