La ética va de reglas pero también de felicidad.
Llevo muchos años ejerciendo como profesora de Ética cívica y profesional en la Universidad de Deusto. El curso pasado, en los tres grupos que he tenido (cada uno de un grado diferente) he cerrado la asignatura con la misma reflexión, que voy a compartir aquí.
Empecé presentándoles una imagen: un candado y una llave, y preguntándoles qué les sugería. Las respuestas fueron de lo más variopintas y todas ellas interesantes. Para mí esa imagen muestra las dos caras de la ética. Por un lado, la cara más conocida, la de las normas, el deber, los límites… Por otro la cara del deseo, el fin, la felicidad.
Es importante articular bien estas dos caras. Toda persona tiene derecho a hacer realidad su proyecto de vida, pero no a cualquier precio… Las normas tienen sentido en la medida en que contribuyen a que todas las personas puedan llevar adelante su proyecto de vida buena.
Mi mensaje e invitación es a ser una buena persona, a vivir una buena vida, una vida con sentido, conforme a la virtud y los valores. (Animo encarecidamente a ver la película El club del emperador; sobre ella escribí hace unos años una entrada, Lección de vida).
En un sentido parecido, Ignacio Martínez Mendizábal, paleontólogo, en una breve conferencia online habla de que a nivel personal hay dos preguntas fundamentales que hacerse: «Una es cuál quiero que sea mi legado y luego la otra es cómo quieres que te recuerden. Porque a mí me gustaría que me recordasen como yo recuerdo a mi padre: como una buena persona que me guía en la vida».
Rozalén tiene una canción preciosa, tributo a su padre, en la que cuenta cómo vive su legado: «Te veré en todo lo que amaste / En cada abrazo eterno, en cada atardecer / Te veré en las aves del cielo / En cada hombre bueno, en todo aquel que guarde fe / Eras la persona que más decía “te quiero” / Si supieras cuánto se te echa de menos».
Preguntarnos por el legado, por la huella que queremos dejar en el mundo es de vital importancia. Mi propuesta: que tu huella sea bonita; ama mucho, sé una buena persona.








