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Ana Moreno Manuel Toribio
Pedir perdón
PUBLICADO

16 de junio de 2025

Hay situaciones en que la ira, el rencor, el desamor y el deseo de venganza cobran carta de naturaleza. No es fácil olvidar ofensas y daño recibido; para sanar las heridas siempre hay que vencer al olvido y una justa reparación se impone como un bálsamo necesario.

El arte de perdonar y el de pedirlo, que son dos caras de una misma moneda, pues nuestra torpe condición humana nos lleva a situaciones que nos duelen y al mismo tiempo a otras en que nosotros somos la causa del malestar del otro.

Por encima de mandatos religiosos, el mensaje de amar al prójimo, de respetarlo, de procurar no molestar ni siquiera su fina epidermis con un roce inapropiado de la nuestra, se impone como objetivo.

Vemos cómo este mundo, bien entrado ya en el siglo, se desangra en guerras continuas e irresolubles. Basta hojear un periódico o escuchar las noticias, no importa la fecha -el tiempo y el espacio a pesar de sus diferencias y cambios, son inalterables, da igual ayer, hoy o mañana-, para darnos cuenta de que la Humanidad no se separa del sendero de la barbarie: Ucrania/Rusia, Palestina/Israel, Congo, Sudán y tantos otros conflictos. Disputas comerciales, geopolíticas agresivas, afán de control y hegemonía.

Intereses contrapuestos se enfrentan en ellos. El ser humano no para de dar pasos hacia delante: los avances científicos, el sorprendente desarrollo de la informática, la medicina cada vez más especializada, pero también pasos hacia atrás y, además, la desigualdad reina en el planeta.

Cuando ejercíamos de profesores hablábamos con los alumnos de estos problemas sociales tan relevantes y en muchas ocasiones no éramos optimistas: las conflagraciones con la devastación que provocan, la destrucción del medio ambiente, el despilfarro de recursos y otra vez insistimos, la desigualdad.

Entre los Hemisferios Norte y Sur hay un abismo, que separa nuestra opulencia del hambre y la miseria que acechan a buena parte de nuestros congéneres.

Un gobierno mundial, por encima de los estrechos intereses de los estados, se impone como obligatorio para corregir tanto desatino y además necesitamos líderes con altura de miras.

Mientras tanto hay ejemplos que ayudan, antiguas metrópolis que tratan de reconciliarse con los pueblos que habían colonizado y dan pasos para una relación más equilibrada entre ambos. Puede ser poca cosa, pero la devolución de patrimonio artístico saqueado junto con la implementación de programas de ayudas es un paso.

Y cuando es el recuerdo de una contienda fratricida la que asola a un país como el nuestro, antes que el perdón debe actuar la memoria. Saber qué pasó, enterrar dignamente a los muertos, restañar las heridas para que salga toda la pus y por fin cicatricen.

Y en nuestra vida cotidiana más de lo mismo. En el trabajo, en la familia, entre vecinos y amigos a veces saltan chispazos, no todo puede ser un lecho de rosas, pues la convivencia no es fácil, pero también perdonar y pedirlo cuando te toque es necesario.

Todas estas reflexiones vienen a cuento de un testimonio que recientemente escuchamos en una mesa redonda de diálogo entre personas de convicciones distintas sobre el perdón y la paz. Una mujer expuso su caso: su padre fue una víctima inocente de un atentado terrorista. Por su forma de contárnoslo nos llegó al corazón, tras muchas lágrimas vertidas y sin caer jamás en el olvido, mostraba una serenidad y una paz que nos dejó maravillados.

Paz y perdón, perdón y paz. No sabemos muy bien en qué orden quedan mejor escritas estas dos palabras. Solo una conclusión, ambos, la paz y el perdón son necesarios.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura