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TRIBUNA
Montse Bravo
Miedo: matar moscas a cañonazos
PUBLICADO

21 de octubre de 2024

Un año más nuestro cuerpo se prepara para el otoño porque cuando perdemos nuestra relación con la naturaleza también perdemos nuestra identidad, nuestro sentido y nuestra relación con los demás seres vivos, incluidas las demás personas. Los ciclos naturales se repiten. En otoño los días se hacen más cortos y las temperaturas bajan para todos. El Universo sigue su ritmo inmemorial. Un movimiento continuo en el que nada parece cambiar pero donde todo cambia para que todo siga su curso establecido. 

La Tierra se formó hace unos 4.600 millones de años y los científicos creen que las primeras formas de vida microscópicas surgieron en nuestro planeta hace más de 4.000 millones de años. Desde entonces la vida no ha dejado de abrirse caminos. Formas de vida actuales como las tortugas o las hormigas, son herederas del período cretácico, el mismo en el que vivieron los dinosaurios. Ellos se extinguieron pero la vida continuó. Nosotros llegamos mucho más tarde, hace entre 200.000 y 300.000 años. 

La lucha por la supervivencia y sus adaptaciones necesarias están en el ADN de todos los seres vivos. La necesidad de relacionarse con los demás también. La capacidad de utilizar el lenguaje se desarrolló hace unos 50.000 años, pero todavía no hemos aprendido a entendernos. 

Desde muy, muy antiguo, todos los maestros espirituales, de todas las religiones que nos han acompañado, nos han hablado de Amor. De Amor con mayúscula, de Amor divino, fraternal, universal, sanador, trascendental. 

Desde muy, muy antiguo, los humanos perseguimos ese “Amor”, con la esperanza de que nos hará sentir bien. Del Cielo a la Tierra, al no encontrar consuelo en lo divino, buscamos el amor terrenal, amar a los nuestros, a los que nos hacen sentir bien, nos cuidan, nos protegen y nos alimentan. Los dones del cielo también fueron sustituidos por dones de la tierra. “Poderoso caballero es don Dinero” decía Francisco de Quevedo. 

La búsqueda del bienestar físico y emocional ha sido una carrera de obstáculos desde el principio. Nada ha cambiado en 200.000 años. Nada parece darnos seguridad ni sosiego, y en nuestra lucha, en nuestro mundo convulso, seguimos un impulso ancestral: la ley del más fuerte. Pero como dijo J. Krishnamurti: “Cuando no hay Amor en nuestro corazón, solo nos queda el placer…” y el miedo.

El miedo a ser aniquilado hace que un gobierno mate miles de personas como moscas a cañonazos, olvidando que a ellos también se les intentó aniquilar; o puede que por eso: el miedo se les quedó dentro. 

Y es que el miedo asociado a la supervivencia sigue estando detrás de nuestras reacciones más viscerales, de nuestro raciocinio y de nuestras acciones. El miedo hace crecer la crueldad, la separación, la necesidad de ser libre, la necesidad de más y más.

“Todas las culturas aparentemente son superficiales pero su conciencia, sus reacciones, su fe, sus creencias, ideologías, miedos, ansiedades, soledad, sufrimiento y placer son similares al resto de la humanidad. Si usted cambia, eso afectará a toda la humanidad.” (Jiddu Krishnamurti)

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura