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LA MIRADA DE LA SEMANA
Joan Rodríguez
Más allá del PIB
PUBLICADO

22 de julio de 2024

Hace más de 50 años, El senador Robert F. Kennedy, en un discurso en la Universidad de Kansas, criticó el Producto Interior Bruto (PIB), diciendo que “mide todo... excepto lo que hace que la vida merezca la pena”. En particular, creía que al utilizar el PIB como medida de referencia parecía “que habíamos renunciado a la excelencia personal y a los valores comunitarios por la mera acumulación de cosas materiales”.  

El PIB es la medida más conocida de la riqueza de un país. A través del incremento en el PIB, se mide el crecimiento económico, en un plazo de tiempo que generalmente suele ser anual. Por ello, constituye una importante herramienta de política económica, siendo calificado como uno de los “grandes inventos del siglo XX” desde su invención después de la Gran Depresión de 1929.

Sin embargo, como ya apuntó el senador americano, el PIB no es un buen indicador del bienestar individual. Y es que lo que medimos afecta a lo que hacemos, y si medimos lo incorrecto, podríamos hacer lo incorrecto. Por ello, desde los años 70 se han realizado esfuerzos para ir más allá del PIB, tratando de encontrar otras formas para medir el bienestar que permitan mejorar la vida de las personas.

En este esfuerzo, resulta clave el Informe sobre la felicidad, publicado anualmente por las Naciones Unidas, ya que ofrece una medida comparable de felicidad y bienestar entre los distintos países del mundo. Desde su creación en 2013, gracias al pequeño país de Bhutan, ha ido evolucionando en gran medida, siendo hoy un día un indicador de bienestar muy influyente en la formulación de políticas públicas.

Cuando yuxtaponemos crecimiento del PIB con las medidas de felicidad contenidas en el Informe sobre la felicidad queda claro que, aunque el PIB es un predictor significativo de la felicidad, no es el único factor. Existen otras variables, como el apoyo social, la esperanza de vida, la libertad, la generosidad y la ausencia de corrupción, que ayudan a explicar las diferencias observadas entre los niveles de felicidad entre países.

Por ello, los autores del informe instan a una reevaluación del éxito económico, abogando por políticas que fomenten el crecimiento económico y a la vez mejoren la calidad de vida. Los autores sostienen que, si se integra la felicidad como objetivo clave del debate público, los gobiernos podrían adoptar un enfoque más holístico en la formulación de políticas públicas, garantizando que el progreso no se mida únicamente por la riqueza material sino por el bienestar de sus ciudadanos.

Algunos países ya están en esta dirección. Por ejemplo, en 2019 Nueva Zelanda introdujo el Wellbeing Budget, un presupuesto que tiene por objeto utilizar indicadores sociales y medioambientales, junto con los económicos y fiscales, para orientar las decisiones de inversión y financiación del Gobierno. El proyecto fue un experimento audaz no sólo para cambiar la forma de entender el progreso, sino también para adoptar una nueva manera de diseñar las políticas públicas.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura