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EN POCAS PALABRAS
Jesús García
Los recuerdos del silencio
PUBLICADO

23 de septiembre de 2025

Callar comunica la voluntad de establecer un vínculo que deja huellas.

 

No son las notas que tocas,

sino las notas que no tocas.

(Anónimo de difícil atribución)

 

Lo pedimos, lo exigimos y lo mendigamos en medio del ruido. Un silencio demandado dentro de un enjambre de “decibelios polarizantes” (externos e internos) que, a veces –y sin ser conscientes– se nos hace insoportable. De todos los silencios de la condición humana (el de la música, el de los oprimidos, el cómplice, el reflexivo…) quiero detenerme en ese que, en palabras de la profesora Ana Cristina Montoya, se conforma como «un jatharà (cavidad) –expresión utilizada en el yoga– en el que la palabra del otro se convierte en un mensaje, embellecido con significado».

Necesitamos ese silencio que desea y goza la escucha, la inquietud entusiasta de conocer al otro, que lucha por “ensimismarse” con él más allá de sus ideas o conceptos, que quiere “hacerle un hueco” en nuestro ser, generar un espacio profundo y creativo donde esa persona pueda expresarse y ser comprendida. Va más allá de la ausencia de palabra; son miradas, gestos que valoran y confirman, que permiten traspasar el muro para que la voz del otro entre hasta la capa más honda de nuestro ser; que le ayudan a comprenderse a sí mismo.

Hace poco me encontré con un antiguo alumno que me recordó cómo se había sentido ayudado por mis silencios. Se sintió escuchado y eso le permitió (le permite) «explorarse a sí mismo». He vuelto a comprender que mis silencios son el fruto y el resultado de esa mirada relacional que un día me cautivó. 

El verdadero silencio es generativo y sanador, capaz de significados profundos… y de emanar la esencia, no tanto de la comunicación, sino de ese otro, que es el fin último de la comunicación.  

Este silencio generativo nos cambia a nosotros y a los demás, nos hace comprender la relación como algo que tiene vida en sí y que, si bien depende de nosotros, nos excede. 

Requiere voluntad y esfuerzo, para dejarse cautivar por cada persona y, desde ahí, acallar la propia voz, y sobre todo el corazón. Es una elección libre que nos conduce a un silencio interior abierto a la palabra,que puede captar, más allá del ruido, la voz fina y clara que habla dentro de cada persona. Desde ahí, en cierto modo, podemos vernos o encontrarnos a nosotros mismos en nuestras relaciones sociales. Ese silencio es el que se custodia en la memoria de las personas con las que nos hemos encontrado. Son la memoria de nuestros vínculos.

Revista
Este artículo sale publicado en el número 7 de la revista LAR, puedes suscribirte y recibirlo en tu casa y ver el pdf
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Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura