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LA MIRADA DE LA SEMANA
Ana Moreno Manuel Toribio
Las estaciones del año
PUBLICADO

17 de noviembre de 2025

Los ciclos de la naturaleza han tenido y tienen su reflejo en el arte. Por esbozar solo algunos ejemplos, en la pintura “La primavera” de Botticelli se muestra una gran variedad de tipos de flores que nos envuelven en el renacer de la vida. Y la imagen más elocuente para reflejar el paso del tiempo en la naturaleza nos la regalan los paisajes de los pintores impresionistas, que mediante el color, reflejan los cambios de luz, de tonalidades y hasta de emociones que provocan en el ser humano los juegos recurrentes de la vida. Si pensamos en la música, la amable obra “Las cuatro estaciones” del músico barroco Antonio Vivaldi, a través de cuatro conciertos, es capaz de describir el impacto que generan cada una de las etapas naturales del año. Una obra que contrasta con el ballet “La consagración de la primavera” escrita por Stravinsky para la compañía Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev, que con su explosión rítmica y de tonalidades junto con los movimientos novedosos de la coreografía, creada por  Nijinsky, provocaron en la audiencia del mismo día de su estreno sensación y desasosiego. Para la poesía, cómo no fijarnos en el hombre bueno que supo asimilar las más insignificantes manifestaciones de la naturaleza a los sentimientos más profundos del ser humano: Antonio Machado. Y si no, qué son sus versos del poema dedicado al olmo viejo, que “hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas nuevas le han salido”, que identifica con su dolor y su esperanza en el discurrir de la enfermedad de su esposa Leonor: “Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”.

Y todo esto porque hemos vuelto a pasar una hoja en el calendario y el otoño ha entrado en nuestras vidas. Una estampa propia de este momento es la de los colegiales recogiendo hojas secas en el parque. Es también la ocasión propicia de paseos por los parques y por el campo, atemperados ya los rigores del estío, que caduco y pasajero, afortunadamente quedó atrás. Momentos de encontrarse con uno mismo, de meditar, mientras una suave brisa nos acaricia o una tenue llovizna nos da ese tono de bella tristeza no desdeñada, pues solo quien la padece puede disfrutar de los momentos de alegría.

Pero, desgraciadamente, el desasosiego nos invade porque por la acción humana y el cambio climático, no podemos negarlo, el otoño, la vida, ya no son lo mismo. Palabras nuevas aparecen como cánceres que devoran las células de la naturaleza, las terribles danas (aún el recuerdo de 2024 en Valencia es muy fuerte); los incendios forestales que arrasaron nuestros campos y sierras, la contaminación de las aguas y del aire.

Intentemos poner de nuestra parte para que, con pequeños gestos, nuestro impacto en el medioambiente no sea perjudicial, y pensemos en estos días de noviembre, ahora tan serenos y cuando ya comienza a notarse el frío, como un propicio reto para ser y estar, para tratar de poner en orden las ideas mientras arde la leña en el silencio de las casas, días de reuniones familiares que ya anuncian la cercana Navidad. Crepita la madera en el fuego, algo bulle en nosotros, las ansias de un año nuevo tan cercano, la necesidad de vivir este momento, una ligera sensación de paz.

En este largo caminar de nuestra vida, nuestro tren se para un momento a descansar, a engrasar los raíles algo desvencijados por el inevitable paso del tiempo; un cambio de agujas, como un buen ferroviario, se impone. Otoño como expresión de adulta madurez, de recoger las hojas que caen del árbol, los pueblos y ciudades, los paisajes que han pasado rápido, como deprisa va nuestra locomotora, corazón que no se cansa de latir, ligeros de equipaje como el poeta, en espera de lo eterno que está aún por venir.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura