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La vida nos ha regalado tantas cosas
PUBLICADO

27 de enero de 2026

Tenemos que lograr dignificar a cada persona

Entrevista a Mamen y David, dos focolarinos que desempeñan su labor en centros de acogida para migrantes: Mamen en Valencia y David en Sevilla. Escuchemos sus testimonios.

¿Sueles trabajar con personas inmigrantes o de otras culturas o colaboras con alguna asociación que lo haga?

Mamen: No solo trabajo con personas inmigrantes y de distintas culturas en la entidad Instituto Social del Trabajo (ISO) de Valencia, sino que además yo misma soy inmigrante, ya que desde hace más de tres años vivo en Marruecos. La diferencia, en mi caso, es que no he emigrado por «necesidad», falta de seguridad o derechos como les ocurre a las personas con las que trabajo o a las personas inmigrantes que viven en Marruecos, con las que estoy en contacto, procedentes del África subsahariana y en búsqueda de llegar a Europa.

David: Sí, actualmente soy el director de un proyecto de acogida residencial para inmigrantes, en colaboración con el proyecto Nazaret de Cáritas diocesana de Sevilla. Se trata de un proyecto amparado por la Fundación Igino Giordani, con sede en Madrid, que apoya proyectos de distinta índole, orientándose a desarrollar una cultura de la fraternidad, en distintas áreas de la sociedad.

¿Qué te ha llevado a trabajar con personas inmigrantes?

Mamen: Soy trabajadora social, he trabajado en diferentes ámbitos. Un día sentí, una «llamada» o misión personal: quería dedicarme, en modo especial, a las personas migrantes en situación de vulnerabilidad. Como por «casualidad» o «diosidad», apenas quince días después, el director del ISO, se puso en contacto conmigo con una propuesta de trabajo.

David: Por mi experiencia personal, después de años residiendo en Latinoamérica (Argentina y Perú), a mi regreso a Europa, sentí la necesidad de trabajar en espacios de exclusión social. Siempre recuerdo una charla con un amigo argentino, con el que trabajábamos en una villa miseria (barrios degradados), me decía que la vida nos había regalado tantas cosas que otras personas no tenían, y que dentro tenemos una deuda social, que no podemos evitar. Esa frase no la olvidaré nunca, y, sobre todo, después de haber trabajado en esos espacios, descubrí que nunca me había sentido tan realizado personalmente, como sintiéndome parte de esa realidad. Ha sido el mayor regalo que me ha hecho la vida. Por eso, junto a otras personas que forman parte del Movimiento de los Focolares aquí en Sevilla, nos sentimos empujados por el papa Francisco a mirar a las periferias existenciales de nuestra sociedad. Así que, decidimos entrar en el mundo de la inmigración y ver qué posibilidades había de dar nuestra contribución. Fue un proceso largo en el tiempo, que casi nos agotó, porque nacían propuestas increíbles que por un motivo o por otro no se concretaban. Finalmente arrancó en abril de 2024 nuestro piso de acogida para inmigrantes en situación de irregularidad. Un sueño que se hizo realidad gracias a la contribución de este grupo y de muchas personas que nos apoyan, para poder seguir caminando.

¿Qué nos puedes decir del tema de la inmigración? ¿Lo ves más como un fenómeno, un problema, un desafío...?

Mamen: Es un fenómeno y lo ha sido en la historia de la humanidad. La movilidad humana es un proceso natural. Efectivamente es también un desafío colectivo que requiere una mirada conjunta, desde la política y desde la sociedad en general, y, digamos, que se convierte en un problema en cuanto lo miramos con desconfianza, cuando nos envuelven los prejuicios y el miedo ante la persona que es distinta, que tiene otra cultura u otra religión, etc.

David: La inmigración, para mí es una oportunidad de vivir la fraternidad, es dar una respuesta a esa deuda social, que todos tenemos, porque si hemos nacido en esta sociedad europea, es un regalo que nos ha hecho la vida. Siempre recuerdo una experiencia vivida con un chico de Villa Miseria, donde yo colaboraba en Argentina. Cuando lo conocí era un niño que participaba en clases de apoyo escolar, en los ratos libres, a varios de los chicos, los subía en mi coche y los dejaba conducir un poco. Después de unos años, me llamaron una noche diciendo que un padre de los chicos de la Villa había sido apuñalado en una pelea y había fallecido. Fui al hospital para saludar a la familia y allí se me acerca un chico más alto que yo para darme un abrazo que no terminaba nunca mientras me decía que no olvidaría esos momentos que yo los dejaba jugar a conducir en mi coche.

Un pequeño gesto que perdura en el tiempo, ¿por qué no ofrecer como sociedad pequeños o grandes gestos a todos estos inmigrantes que ahora llegan a nuestro país? ¿por qué en lugar de preguntarnos si nos van a quitar algo de nuestro bienestar no los miramos con ojos de acogida y de fraternidad? No somos ni más ni menos por haber nacido en una u otra parte del mundo y, tal vez, deberíamos acordarnos de que nosotros también fuimos migrantes, cuantos nietos y descendientes de españoles conocí en Argentina. Tratemos de abrir nuestros corazones a toda esa gente que se siente extranjera.

¿Cómo es el trato de España con estas personas? ¿Es acogedor?

Mamen: El adjetivo que utilizas, «acogedor», me evoca «casa», «cercanía», intención de querer conocer al otro y su diversidad. Diría que, en este sentido, «hay de todo», lo que sí que puedo decir, por experiencia, es que cuanto más existe el conocimiento de la otra persona, y vemos lo que tenemos en común, entre otras cosas que sufrimos y nos alegramos por las mismas cosas, cuanto más nos reconocemos como iguales, más nos abrimos a la acogida… Es verdad que el miedo a lo desconocido y al diferente en muchos casos paraliza, nos cierra. Hay muchas entidades y personas comprometidas, pero también existen barreras administrativas, falta de recursos etc.

Creo que haría falta una atención integral, no solo centrada en cubrir necesidades básicas o trámites administrativos. Muchas veces se olvida la necesidad del acompañamiento cercano, la escucha y el tiempo que requiere un verdadero proceso de integración. Pero, en general, diría que España, en su mayoría, es acogedora y solidaria…

David: Creo que es difícil dar una respuesta en general, no me gusta generalizar, que a todos nos cuesta lo diverso, es normal. Ya en un trabajo, cuando llega alguien distinto, cada uno tiene más o menos capacidad de acogida. Es una cuestión de empatía hacia el otro. El problema es que, como sociedad, no educamos a la diversidad, lo importante es el yo, rechazamos a nuestros abuelos, cuantos viven solos y descartados, es lógico que se instigue al rechazo de gente que viene de tierras lejanas, más aún cuando hay grupos en nuestra sociedad que proclaman un rechazo generalizado.

Si voy a mi experiencia personal, no puedo más que ver aceptación, empezando por los vecinos de nuestro piso de acogida, la gente del barrio, debo decir que vivimos en un barrio de Sevilla, donde hay muchos inmigrantes, y la verdad, no se siente ningún tipo de rechazo.

¿Crees que existen mitos acerca de este tema? ¿Podrías ponernos ejemplos?

Mamen: Sí, existen muchos mitos y fake news que van en contra de la migración con la intención de generar rechazo y miedo, y que acaban creando estereotipos que impiden una mirada más justa y objetiva. Por ejemplo, se dice que las personas inmigrantes nos «quitan» el trabajo o que saturan el sistema sanitario, cuando en realidad muchas personas inmigrantes están sosteniendo sectores fundamentales, como el del cuidado de personas mayores, la limpieza, la hostelería o la agricultura.

David: Claro que existen, porque es una manera de justificar nuestro rechazo. Como existen mitos sobre los andaluces en España. O los españoles en Europa. Yo he sido inmigrante en Latinoamérica, y siempre hay un prejuicio a lo diverso, como en Argentina, también hay un rechazo a otras culturas, o en Perú a aquellos que vienen de la sierra, las cholitas.

Es normal, y aquí apuntan a que nos quitan las subvenciones, a que acceden antes que los propios españoles (cuando una gran parte no tiene ni papeles, ¿cómo pueden acceder a una ayuda?), o que nos roban el trabajo, cuando un gran porcentaje de nuestros abuelos son cuidados por personas migrantes que trabajan en negro. Bueno, como acabo de decir, para mi es una manera de sentirnos mejor al justificar nuestro rechazo a otras culturas.

¿Es siempre posible la integración? O por el contrario es una fuente constante de conflictos por las diferencias culturales/étnicas?

Mamen: El adverbio «siempre» es contrario al adverbio «nunca» y diría que no es posible siempre ni tampoco es posible nunca… La integración es posible cuando existe voluntad por ambas partes, y hago hincapié en «ambas partes». La integración implica de forma activa e imprescindible a la persona que emigra, es el/la protagonista principal y no puede perder de vista la responsabilidad de construir su propia vida. Se trata de integrarse sin perder la propia identidad pero también con la disposición de enriquecerse. Igualmente, el país de acogida debe empeñarse plenamente en abrir y facilitar el proceso de integración.

Me viene a la cabeza, valga la comparación, mis primeros meses de estancia en Marruecos, efectivamente sus costumbres, cultura y religión son distintas a la mía, pero una mirada de «curiosidad» en el buen sentido y de querer conocer más que juzgar, ha sido la clave… pero, es necesaria la voluntad por las dos partes, también de las personas, mis vecinos que me han acogido y me hacen sentir en casa.

Otro punto importante es aceptar tanto derechos como deberes, el derecho a vivir dignamente y el deber de implicarse en el propio proceso, el derecho a ser respetado y el deber de respetar… es necesario construir por ambas partes una convivencia basada en la reciprocidad.

David: Es posible si somos recíprocamente capaces de abrirnos a la diversidad, creo que aquí tiene que entrar un factor que supera los derechos, porque implica a la persona. Yo siempre he visto que cuanto más sencilla es una persona, y, normalmente, esto ocurre en espacios sociales más humildes, todo esto es natural, porque hemos nacido como seres que necesitamos los unos de los otros, es un paso de una sociedad egoísta a otra altruista. Es posible pero, actualmente, a veces aparenta ser imposible.

¿Cuáles son las principales barreras que encuentran personas con las que has tratado?

Mamen: Una de las principales barreras son las administrativas y estructurales: la dificultad para regularizar la situación administrativa que posibilita el acceso a un trabajo digno, a una vivienda etc...

Otra barrera, no más fácil de superar, es la generada por las falsas expectativas de algunas de las personas que emigran, generadas por la desinformación sobre «el sueño europeo». El contraste entre lo que se espera y lo que se encuentra, genera sufrimiento y frustración y es fundamental el acompañamiento.

David: Sinceramente, he encontrado tantas personas, de perfiles tan distintos, que nos ayudan, que siento que las barreras que nos creamos son artificiales. Tal vez soy utópico, pero creo que es una cuestión de saber dialogar, acoger, más allá, del color de la piel, del idioma que hablamos, además insisto en que a veces no somos conscientes de lo que nos ha regalado la vida.

También nos pasa con los españoles que duermen en la calle. Yo soy voluntario en una asociación que trabaja en el mundo de la prostitución, y podría escribir renglones y renglones, sobre las barreras de no aceptación que nacen de las etiquetas.

¿Crees que existe la amenaza de una sustitución étnica que puede preocupar a la población del país de acogida?

Mamen: Creo que esta idea viene del miedo, expresa mucho la palabra «amenaza» … La realidad es que las sociedades cambian y se transforman y en el mundo actual, interconectado aún más …

David: En estos días todos aplaudimos a un jugador que se llama Lamine Yamal, es nuestro ídolo ¿Y qué color de piel tiene y cuál es su origen? Y si llegáramos a eso, ¿cuál sería el problema?

¿Puede cualquier país acoger a todo tipo de inmigrantes y sin límites?

Mamen: Creo que todo país debe acoger desde la responsabilidad y la humanidad. No podemos cerrar los ojos ante el sufrimiento o negar la ayuda a quienes huyen de la guerra, la pobreza o la persecución.

Acoger implica también planificar, y tener en cuenta que es un proceso… Los cuatro verbos que utilizó el papa Francisco: acoger, proteger, promover e integrar, implican crear estructuras adecuadas y promover políticas de integración reales.

David: Esta pregunta sinceramente siento que es muy difícil de responder, cada país atraviesa situaciones muy complejas. Siento que actualmente en España hay opciones de acogida, que sirven siempre y cuando logremos gestionarlas mejor. Sin límites, ojalá, aunque creo que lo que realmente tendríamos que hacer es trabajar y ayudar a que no exista un primer mundo que viva a costa del resto de la tierra.

¿Crees que especialmente tiene Europa un problema con la inmigración?

Mamen: Europa, en teoría, defiende valores como la solidaridad y la igualdad, pero en la práctica a veces se aleja de esos principios cuando se trata de las personas migrantes. A pesar de eso también hay muchas iniciativas en favor de las personas migrantes.

David: La inmigración siempre ha existido. Miremos como países que acogieron en pasado hoy se han desarrollado. Pasó en Alemania con todos los españoles que allí encontraron un futuro, o todos los que se marcharon a Latinoamérica. No creo que especialmente Europa tenga un problema. Habría que analizar las causas de esas migraciones.

¿Existen negocios e intereses económicos detrás de estos movimientos de personas?

Mamen: La realidad es que gran parte del mundo se mueve por intereses económicos, y por desgracia, muchas veces la economía no se orienta al bien común, sino al beneficio de unos pocos. Estos intereses son la raíz de muchos de los problemas que generan migración: desigualdad, pobreza, explotación y conflictos.

David: En muchos casos, existe hasta la trata de persona, con lo cual está claro que en muchos casos hay intereses económicos. Lo que veo todavía más contra natura es la explotación que se realiza con las personas migrantes que no tienen residencia y que vienen explotados con salarios en negro, que manifiestan casi una esclavitud de la persona.

Desde tu punto de vista y experiencia, ¿cuáles son las claves de una buena política migratoria en un país?

Mamen: Añado una clave que no he dicho anteriormente y que es fundamental: unido al derecho a migrar está el derecho a no migrar. Una política migratoria justa no solo se centra en quién entra o sale de un país, sino en trabajar por el desarrollo justo de todos los pueblos, generar condiciones de vida dignas y oportunidades reales.

David: La verdad no sé si estoy preparado para diseñar una política migratoria. Yo siempre he trabajado en las bases de los problemas y es donde siento que está mi lugar. Creo que es algo que atañe a los políticos. Siento que puedo aportar desde la experiencia de vida, desde el conocimiento de toda esa gente que busca un futuro y que es lo único que busca. No quiere ir contra el país que la ha acogido. Los migrantes por poco que reciben se sienten superagradecidos a nosotros, españoles, y quieren aprender. Tenemos que lograr dignificar a cada persona, porque no nos olvidemos: ¿y si hubiésemos nacido en un poblado de Costa de Marfil, que haríamos nosotros con nuestra vida…?

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Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura