Este verano me he dedicado a hacer kilómetros.
He conocido a un turista aficionado a la astronomía que viajaba con un potente telescopio “de viaje”. Hemos podido ver una luna creciente espectacular con sus cráteres y sus relieves. Encima de la luna Antares, la estrella más brillante de la constelación de Escorpio. Hemos visto planetas y constelaciones.
Y de postre, ha enfocado el teleobjetivo sobre la constelación de Cocoon, una guardería estelar en la que se está produciendo la formación de nuevas estrellas. El cúmulo está a unos 4.000 años luz de distancia y tiene un diámetro equivalente a una extensión de 15 años luz. La estrella central que lo ilumina se formó hace tan solo unos 100.000 años. Y la estrella más grande de la región tiene una masa estimada en más de 14 veces la del Sol.
Esta ha sido una experiencia muy especial para mí. Hemos hablado extenso del Universo; de los muchos fenómenos que han tenido que ocurrir para que apareciera la vida en la Tierra; de la pequeñez del ser humano frente a toda esta inmensa creación; de lo especiales que somos dado que, en todo este vasto universo conocido, somos la única especie viva descubierta hasta el momento. …
Hemos hablado de caos y del ser humano. Somos herederos del caos y de la creación a través de la destrucción. Incapaces de crear somos manipuladores, jugamos a los cromos con la creación, la bautizamos, le cambiamos el nombre, la cambiamos de sitio, la transformamos, peleamos por fronteras que nosotros mismos hemos establecido. Hasta discutimos por ideas y, como dijo W. Churchil: “Sus mayores miedos son creados por su imaginación.”
Toda la información que tenemos del Universo habla de grandeza y de belleza. Todas las películas espaciales que recuerdo hablan de conflictos y miedos: creamos seres vivientes para enfrentarnos a ellos. Realmente vivimos en un Universo bello, en un planeta bello, rodeados de una naturaleza bella, poseemos un cuerpo bello, inteligente y sensible. Una de las mayores capacidades humanas ha sido el desarrollo del lenguaje hablado y, sin embargo, en demasiadas ocasiones, no somos capaces de entendernos y vivimos atemorizados.
Atribuyen a A. Einstein la frase: “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera”.








