Si miramos la Naturaleza descubrimos que todo cambia y existe por fuerzas que unen y empujan a crear algo nuevo y más complejo. Los átomos, la materia de la que está hecho todo el Universo, se mantienen en equilibrio gracias a fuerzas nucleares, electromagnéticas y gravitatorias, que la Física ha descubierto. En un proceso lento, pero imparable, se producen uniones estables entre átomos que crean moléculas más complejas. La Química nos desvela los enlaces que mantienen juntas estructuras que no paran de crecer como un engranaje. En un cierto momento conforman proteínas y ADN, algo nuevo y superior en complejidad, y aparece la Vida. La Biología aún no conoce todas las fuerzas que impulsan el secreto de la vida y que unen millones de células para formar tejidos, órganos, vegetales y animales que cubren la corteza de la Tierra. Y aún más incomprensible y asombroso es el salto de donde brota el pensamiento y la conciencia, como resultado de una unidad: el ser humano, la estructura dinámica más compleja del universo conocido.
¿Dónde nos lleva esta mirada a la naturaleza evolutiva de la realidad?
Las fuerzas que unen átomos, proteínas, células, organismos pluricelulares, siguen actuando entre seres humanos y nos aproximan unos a otros en un desarrollo imparable que conforma la familia, el clan, la sociedad, la humanidad. Esa fuerza unitiva que nos constituye es el amor. Una fuerza que aproxima, colabora, cuida, une, aún no bien comprendida, pero que toda persona siente en su interior. Einstein decía que es la fuerza más poderosa del universo. Porque es la fuerza que une a los seres más complejos, personas conscientes que eligen en su libertad usar ese impulso para construir algo nuevo y aún más perfecto. Eso es el mundo unido al que aspiramos y que necesitamos para alcanzar la felicidad, e incluso para sobrevivir ante los retos que las relaciones humanas provocan. Porque el amor puede dirigirse hacia uno mismo, por interés, placer, poder, egoísmo, se deforma en su esencia, provocando violencia, hambre, guerras y muerte, causados por decisiones erróneas de la libertad.
Por ello usemos esa consciencia que empuja a amar eligiendo bien la dirección de esa fuerza que nos habita. No existimos solos, siempre hay alguien a nuestro lado que necesita apoyo, cuidado, alimento, escucha, compañía, amor desinteresado, para sentirse persona. Cada vez que amamos estamos creando un vínculo, un enlace, una relación con otro ser consciente como yo, con quien creamos algo nuevo, que permanece, que contribuye a seguir el proceso imparable de la evolución hacia una mayor complejidad y perfección. Decía Chiara Lubich: “El hombre es plenamente feliz solo si pone en marcha y mantiene encendido el motor de su vida que es el amor”, está en nuestro ADN. Construir un mundo nuevo y más unido por medio de la fuerza del amor no es una utopía, es la mejor decisión desde nuestra libertad, estamos hecho de eso. Es nuestra tarea cotidiana, la que da sentido a la vida.








