Sobre un colchón, en unos portalones, pasa cada día uno de los muchos «sin techo» de nuestra ciudad. Al lado tiene un carro lleno con sus pertenencias y cada día que paso por su lado levanta la mano para saludarme, saludo que correspondo. Un día que llovía bastante, al pasar por delante de su portalón, me invita a refugiarme, me saca una silla plegable del carro, me dice que me quede un rato hasta que pare de llover. Me dice que la gente no tiene ganas de hablar y es verdad. Nos decimos los nombres y nuestros orígenes. Ahora ya nos conocemos más. Ahora podré saludarlo por su nombre. Y me dice algo que me sorprende: saca una bolsa por si quiero comer unos croissants, que son los excedentes de un horno que hay al lado. Mientras comía, saco la mano para ver si paraba de llover, y una señora que pasaba, me pone una moneda en la mano.
Te das cuenta de que en el mundo también hay mucha bondad. Es menos visible y sale menos en las noticias que el enfrentamiento y la violencia. La bondad no hace ruido, pero siempre está al lado del que más lo necesita. Esto contrasta con la exclusión residencial de la gente sin recursos, donde el sector inmobiliario no mira la necesidad de las personas, sino el beneficio y las ganancias.
La carencia de vivienda más visible es la de las personas que duermen en la calle, pero luego hay otras en condiciones menos extremas, en pisos de acogida temporal, compartiendo espacio con personas desconocidas, sin disponer de la necesaria intimidad y del espacio suficiente, especialmente cuando hay menores.
Otro colectivo que sufre la falta de vivienda son los inmigrantes. Cuando buscan un alquiler se les pide que tengan un contrato de trabajo de un año como mínimo, lo cual es imposible para personas que acaban de llegar y no disponen de apoyo social que les permita cumplir las garantías que piden los propietarios. Esto hace que su movilidad sea muy elevada, con los efectos negativos que tiene de cara al arraigo y a la integración social.
Vemos como el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y el artículo 47 de la Constitución Española, reconocen el derecho a una vivienda digna, pero esta propuesta está lejos de la realidad. Aunque se dispone de una normativa potente y completa, se sigue produciendo una vulneración del derecho a la vivienda; esto indica que existe una disfunción entre la norma y su aplicación, lo que habría que solucionar con políticas públicas que consideren central el derecho a la vivienda.








