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LA MIRADA DE LA SEMANA
Antoni Pedragosa
La campana de la paz
PUBLICADO

02 de febrero de 2026

Después de la Primera Guerra Mundial, la zona del Trentino, en Italia, quedó tan dañada que en el Valle de Rovereto, por iniciativa del capellán del lugar, se habilitó un local con los nombres y las fotografías de todos los miles de muertos de aquella zona en aquella guerra.

Después, con los restos de los cañones que quedaron esparcidos por la comarca, se llevaron a una fundición, se fundieron y se hizo una campana que cada noche a las nueve y media tocaba en memoria de los caídos en la guerra. A la campana se le puso el nombre de "Maria Dolens" (Madre de Dios de los Dolores), aunque popularmente se la conoce como la campana de la paz, y debajo, dos palabras expresaban un deseo: "Mai più" (Nunca más), refiriéndose a los horrores de la guerra.

Este "nunca más" no se cumplió, porque estalló la Segunda Guerra Mundial, y la campana, bajo los bombardeos, quedó gravemente dañada. La campana se volvió a fundir, esta vez se hizo aún más grande; según los lugareños, es la campana más grande del mundo: tiene tres metros y medio de diámetro, cinco metros de altura y veinticinco toneladas de peso.

El pabellón donde estaban los nombres y las fotografías de los caídos se restauró y amplió para incluir a los nuevos caídos en la segunda guerra. En la campana hay inscrita una frase de Pío XII que dice: "Todo se pierde con el odio y la guerra. Todo se gana con el amor y la paz". Qué gran verdad.

Pero parece que no hemos aprendido la lección, porque después vino la guerra de los Balcanes, ahora la guerra entre Rusia y Ucrania. Cuánto dolor, tanto físico como moral, después de una guerra. Cuántas heridas abiertas, cuánto esfuerzo físico y económico para acabar recogiendo un resultado tan doloroso.

Sorprende que una encuesta realizada en el año 2017 por las Naciones Unidas, que la encargó a una multinacional de opinión, a la pregunta de si la gente prefería la paz o la guerra, consulta hecha en 117 países de los cinco continentes, un 98,7 % optara inequívocamente por la paz. Y uno se pregunta: ¿cómo puede ser que esta minoría ínfima del 1,3 % imponga su voluntad a la mayoría del 98,7 %? Sencillamente, porque esta minoría tiene el poder económico y político.

Y esto que nos recuerda esta campana, situada en lo alto de una pequeña colina llamada Miravalle, con su sonido diario, nos hace presente el mal que nos hace la guerra y el bien que puede hacer la paz. Y la pregunta clave que podemos hacernos a nosotros mismos sería esta: ¿estoy del lado del enfrentamiento y la violencia, o estoy del lado del diálogo y la paz?

Según la opción que tomemos, marcará el perfil de nuestra vida. No nos equivoquemos a la hora de elegir. Solo si elegimos el camino de la concordia, el diálogo y la paz, colaboraremos a hacer un mundo mejor. Valdrá la pena esforzarse por este camino, porque es el único que puede dar un buen futuro a la humanidad.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura