Iniciar sesión
Debe iniciar sesión para poder comprar libros y acceder a la información para suscriptores de la revista LAR.
Mail*
Contraseña*
¿Aún no tienes cuenta?
Regístrate y crea una cuenta
¿Olvidaste tu contraseña
Mail*
Le enviaremos un correo electrónico para restablecer su contraseña.
EN POCAS PALABRAS
Jesús Morán
La banalidad del bien
PUBLICADO

24 de enero de 2025

Caer en la cuenta y huir de la trivialidad

En 1963, la filósofa Hannah Arendt escribió el libro Eichmann en Jerusalén - un estudio sobre la banalidad del mal, sobre el proceso al criminal de guerra nazi. Eichmann sostenía que no era suya la responsabilidad, puesto que él solo había cumplido órdenes. No mostraba rastro alguno de odio hacia el pueblo judío. En el centro del concepto «banalidad del mal», se encuentra el sentido de irresponsabilidad frente a crímenes atroces, cometidos apelando al sentido del deber, que sitúa la propia moralidad al margen de las acciones.

 El año pasado, el filósofo español Jorge Freire publicó un ensayo con un título provocador: La banalidad del bien. La tesis que el texto contiene puede ser resumida así: «La banalidad del bien no implica que el bien sea banal, sino lo contrario: que lo banal no puede ser nunca bueno». El bien se banaliza cuando una buena acción «se devalúa como exhibicionismo; la compasión, como empatía; el valor, como blandenguería, y la concordia, como uniformidad. A causa de su banalización, los bienes se convierten en males». La multiplicación de «los bienes» oscurece o bloquea la aparición del verdadero bien.

Este ensayo, lúcido y agudo, deja al descubierto la precariedad de gran parte de la cultura de nuestros días y la superficialidad con la cual la sociedad la consume. De hecho, el exhibicionismo de acciones aparentemente buenas, publicadas a bombo y platillo, y sobre todo cuando las realizan personas famosas, invade la web y los telediarios. Parece como si nadie se interesara por la verdad y el verdadero bien; y aún más, estos son deliberadamente escondidos por el efecto cuantitativo del buenismo. De este modo, los eslóganes se propagan atiborrados de una tolerancia que nadie se atreve a cuestionar porque, en realidad, lo que cuenta no es la verdad, sino la tolerancia elevada al absoluto.

Como afirma Alan Sokal, parafraseado por Freire, «las ideas relativistas no son otra cosa sino la coartada del absolutismo dogmático. [...] El sofista no se pone al servicio del plutócrata sin decirnos antes que la verdad no existe». El problema es que, mientras esto sucede, el mal continúa reinando en forma de guerras, violaciones de los derechos fundamentales, opresiones, desigualdad, etc. El mal reina porque no se combate, porque el bien se ha perdido de vista, oscurecido por el buenismo. Solo el bien puede triunfar sobre el mal.

 Afortunadamente, somos testigos del bien puesto en práctica por multitud de personas, generalmente anónimas, que han hecho de este su programa de vida.

 ¿Qué cabe esperar? Paradójicamente, sólo podemos esperar en esa buena esperanza que, como decía María Zambrano (citada por Freire), «no espera nada [...] la esperanza que se nutre de la adversidad, de su propia incertidumbre, sin involucrarse en ningún tipo de guerra, la esperanza que crece en el desierto y da a luz la palabra no dicha, la esperanza que, liberándose de la expectativa de algo en un tiempo establecido, atraviesa la extensión de los siglos».

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura