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LA MIRADA DE LA SEMANA
Javier Sánchez González
Implicarse en el extranjero
PUBLICADO

02 de diciembre de 2024

Hace unos días llegó a mis manos un documento de reflexión sobre la baja participación de los ciudadanos españoles que residimos en el exterior en las últimas las elecciones generales. El último CERA (Censo Electoral de Residentes Ausentes) de agosto 2024, se indica una cifra de 2.471.369 residentes en el exterior con derecho a voto. De ellos, 1.535.124 residen en América, 864.471 en Europa, 33.501 en Asia, 23.147 en Oceanía y 14.256 en África.

Los datos de participación son muy sugerentes. La participación de los residentes en el extranjero alcanzó el 10,04% del censo al haberse depositado 233.688 papeletas. Aun así, esta cifra supone un aumento de la participación respecto de las elecciones generales de 2019 cuando votaron 145.853 electores o, dicho de otro modo, el 6,85% del censo.

Los datos son muy llamativos, ya que, en mi experiencia de todos estos años que llevo en el exterior, me suelo encontrar una comunidad española bastante acogedora y muchas veces comprometida con asociaciones de nuestro país. Sin ir más lejos, la cantidad de gente que se movilizó por la catastrófica situación de Valencia es un ejemplo más de ese compromiso.

Una de las cosas buenas que tiene vivir en otro país es que te ayuda a ver con perspectiva los defectos y las virtudes de tu cultura. Desde que vivo en el extranjero, es curioso ver cómo uno deja detrás de sí muchos prejuicios españoles y haces tantos amigos que te ayudan conocer mejor tu tierra. Es una experiencia enriquecedora que te ayuda a abrir la mente. Sin ir más lejos, en las últimas elecciones recuerdo los pocos actos políticos que hicimos entre españoles de distintas ideologías y provincias. Al final nos dábamos cuenta de que es más lo que nos une que lo que nos separa.

A veces también tendemos a minusvalorarnos en muchos aspectos, como por ejemplo la calidez y sencillez de nuestras relaciones. Este es un punto incomparable con el resto de Europa al menos. Cuando hay alguna reunión entre amigos Erasmus o de empresa, enseguida se nota quién es español por la manera de conectar con la gente o de mostrar interés en entablar una conversación.

Pero, por desgracia, hay otras cosas que hemos dado por normales, pero que no deberían serlo. Para los que hemos vivido fuera, una de ellas es la ineficiencia de nuestra burocracia o la mejora de la representación de los españoles que estamos en el exterior. Si se compara con otros países como Francia o Italia, se entiende mejor lo que intento explicar en cuanto a los servicios que el estado podría mejorar para todos los ciudadanos.

Quizás ese olvido por parte de la administración hunda sus raíces en nuestra historia reciente de que quien se marchaba de España, se debía a motivos políticos o laborales. Hoy en día me enorgullece ver médicos, científicos, políticos, empresarios y estudiantes españoles en Europa que no tienen nada que envidiar a colegas de otros países comunitarios.

Por eso creo que es necesario una mejora de nuestro país con los españoles que residimos en el exterior para ayudar a sentirnos también parte de nuestro país a nivel político y social. En definitiva, me parecía una reflexión interesante para compartir con nuestros queridos lectores.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura