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Estamos todos en camino
PUBLICADO

27 de enero de 2026

Migración: perspectivas de un sociólogo

El fenómeno de las migraciones: una mirada integral

Discutir sobre el fenómeno de las migraciones requiere un análisis profundo, no solo de las causas que fuerzan los desplazamientos, sino también de la dificultad para aceptar las diferencias culturales, religiosas y sociales, en un contexto donde «el otro» es a menudo percibido como un enemigo de la unidad nacional y de los valores, la cultura y la religión que se consideran consolidados.

El tema de la migración es hoy omnipresente. Basta con escuchar los informativos o visitar las redes sociales para presenciar el drama que se desarrolla ante nuestros ojos. Todo el mundo tiene una opinión al respecto y el fenómeno parece estar en constante aumento. Por tanto, es más necesario que nunca dar sentido a este fenómeno global, enmarcándolo en su contexto histórico, social y cultural.

En primer lugar, hay que reconocer que la migración humana ha modelado nuestra experiencia durante milenios, desde que los primeros seres humanos se desplazaron para sobrevivir. En el fondo, las diferencias en los rasgos somáticos[1] no son más que la respuesta adaptativa a distintos entornos geográficos y climáticos. Somos una sola especie y, sin embargo, parece que nos encontráramos por primera vez. A pesar de nuestra (pre)historia migratoria, la amplitud, la velocidad y la complejidad de los desplazamientos actuales no tienen precedentes[2]. Las estadísticas confirman esta percepción: el mundo entero está en movimiento, entre continentes y naciones.

Hay que reconocer que el actual modelo de desarrollo, basado en la extracción de materias primas, la explotación y el consumo desmedido de recursos, no solo ha fracasado, sino que ha generado las condiciones para un desplazamiento masivo de personas en busca de trabajo, servicios, salud, seguridad social y un entorno ecológico más saludable. Por consiguiente, la intervención más eficaz para prevenir la migración global es invertir en la construcción de una sociedad y un modelo de desarrollo diferentes.

Interdependencia de las situaciones

Profundicemos un poco más. La sociología nos ha explicado que existen factores de expulsión, que empujan a las personas a abandonar sus países (guerras, violencia, pobreza, desastres naturales, etc.), y factores de atracción (libertad religiosa, oportunidades laborales, educación, acceso a la sanidad y a la vivienda). Sin embargo, comprender estos factores no es suficiente si queremos construir un mundo mejor. La migración debe entenderse como un fenómeno de interconexión global. Dicho de otro modo, es necesario crear una sociedad consciente de la interdependencia de nuestras acciones a nivel político, sociológico y económico.

Debemos proponer alternativas; de lo contrario, corremos el riesgo de reproducir un modelo que no funciona. Por ejemplo, el consumo excesivo de bienes como la ropa en las naciones ricas a menudo se traduce en condiciones de explotación en los países productores, donde los trabajadores están mal pagados y los recursos ambientales son devastados. Del mismo modo, nuestra dependencia del petróleo alimenta políticas internacionales que favorecen la explotación de los recursos y de los pueblos en los países productores. El bienestar de las naciones ricas no es suficiente: debemos crear las condiciones para que todos los países prosperen.

Esta conciencia de la interconexión nos ayuda a entender la complejidad de los factores que influyen en la migración. Por ejemplo, el cambio climático está creando condiciones que obligan a las personas a migrar a causa de desastres naturales. Muchas islas del Pacífico están desapareciendo, forzando a sus poblaciones a desplazarse. ¿Qué debemos hacer para ayudar a estas comunidades?

Todo esto nos lleva a comprender que la crisis migratoria no puede abordarse de forma fragmentaria por parte de naciones, regiones o sectores académicos. Dada su amplitud y complejidad, la solución requiere la colaboración de políticos, economistas, ecologistas, asistentes sociales, personal sanitario, sociólogos, abogados y representantes de las comunidades religiosas. Aprender a colaborar es fundamental para identificar e implementar soluciones eficaces.

Diferentes percepciones y vías de solución

En esta colaboración, es necesario tener presentes los contextos históricos y culturales específicos de los individuos y de sus comunidades. El fenómeno migratorio es, de hecho, todo menos homogéneo. Nuestra percepción y nuestras experiencias varían según las circunstancias y los procesos que las determinan, así como de las condiciones de la región de llegada. Por lo tanto, una solución eficaz en Estados Unidos podría no ser aplicable en el sur de Italia.

Además, no se puede suponer que la misma experiencia de desplazamiento se viva de la misma manera. Por ejemplo, cuando hace algunos años participé en una conferencia sobre migraciones organizada por el Vaticano[3], la delegación de Oriente Medio centraba sus esfuerzos en la creación de un proceso de retorno y reasentamiento de los migrantes en sus países de origen. Para ellos, la migración había desestabilizado las comunidades, privándolas de médicos, agricultores, artistas, maestros y jóvenes. En Estados Unidos, en cambio, la idea de un «retorno» equivalía a deportaciones forzadas, en contraste con los principios de acogida entonces promovidos.

Encontrar soluciones no es fácil. Por un lado, es importante comprender que no podemos prever todos los cambios positivos que los migrantes traerán a sus nuevas comunidades, tanto en términos de empleo como de diversidad. Por otro, es fundamental crear condiciones que eviten la migración forzada a través del desarrollo sostenible.

Migración y religión

Un factor adicional: la migración está transformando el mundo religioso. Por una parte, ha desplazado y diversificado la geografía religiosa, aumentando el número y la visibilidad de diversos grupos. En Estados Unidos, por ejemplo, el crecimiento de la Iglesia católica se ha visto notablemente favorecido por la inmigración, especialmente desde América Latina y Filipinas[4]. Dicho crecimiento no se limita a los católicos, sino que involucra también a las comunidades evangélicas. La llegada de nuevos miembros está cambiando la demografía de las comunidades, que se ven enriquecidas con vocaciones, rituales y nuestra propia interpretación de los textos sagrados, gracias a su diversidad cultural e histórica.

Por otra parte, la religión ha motivado a muchas personas y comunidades a ayudar a los migrantes en dificultades, ofreciendo servicios legales, alojamiento, asistencia sanitaria y alimentos. Parroquias, sinagogas y mezquitas son lugares de refugio cultural, que ofrecen no solo apoyo espiritual, sino también respaldo práctico y un ambiente de acogida. Las parroquias católicas, por ejemplo, son espacios donde los inmigrantes católicos «elaboran» su dolorosa experiencia migratoria, y las generaciones sucesivas aprenden allí a expresar sus múltiples identidades culturales también a través de la música, la comida y los ritos religiosos[5].

Esta función de apoyo ha ido de la mano de un importante compromiso social. En los años 80, en Estados Unidos, diversas comunidades religiosas se opusieron a las políticas gubernamentales que negaban a los migrantes centroamericanos que huían de las guerras civiles el estatus de refugiado. En respuesta a la inacción del gobierno, muchos grupos religiosos transformaron sus lugares de culto en «espacios santuario», ofreciendo a los migrantes protección y, en algunos casos, organizando sistemas de apoyo logístico para ayudarles a llegar a Canadá desde México.

Este movimiento, nacido en el seno de las comunidades religiosas, ha evolucionado en más de cuatro décadas hacia un movimiento nacional más amplio, que involucra a municipios, universidades y ciudades enteras que se han declarado «ciudades santuario». Tales iniciativas desafían la concepción tradicional del derecho soberano de un Estado a aplicar sus leyes sin tener en cuenta las necesidades humanitarias. Ejemplos similares de compromiso motivado por la fe se han registrado también en otras partes del mundo.

La migración como proceso a largo plazo

Hay que tener presente un elemento adicional: las ciencias sociales y humanas nos demuestran que la migración es un proceso multigeneracional, que comienza mucho antes de la partida o de la decisión de emigrar. Este fenómeno presenta múltiples facetas.

Las condiciones socioeconómicas, de hecho, nos permiten prever las tendencias migratorias. Por ejemplo, la reducción de la producción de café en América Central a causa del cambio climático llevará a una reducción de puestos de trabajo y, en consecuencia, a una probable ola migratoria hacia Estados Unidos, a menos que se implementen políticas dirigidas a mitigar los efectos del cambio climático y a promover una economía estable y diversificada en la región.

En Estados Unidos, los llamados Dreamers son individuos que llegaron al país siendo menores de edad, que han crecido, se han educado y se han integrado en la vida social y cultural estadounidense sin tener, sin embargo, un estatus legal. Reclaman la regularización de su situación, afirmando el concepto de ciudadanía cultural basada en sus lazos y su integración en la sociedad[6].

Los efectos de la migración se extienden durante varias generaciones, mucho más allá de la llegada y el primer contacto con el nuevo territorio. En este sentido, la ola migratoria en Europa a partir de 2015 no es solo un acontecimiento puntual. En los próximos años se hará sentir aún más su impacto transformador. Muchos jóvenes, criados bajo la protección de la educación pública, se encontrarán con dificultades en el mundo laboral debido a obstáculos legales que limitan el acceso a puestos profesionales más elevados, en un clima social que muchos percibirán como hostil a los extranjeros. Será, por tanto, fundamental promover un proceso de integración que tenga en cuenta las diferencias sociales y la diversidad cultural.

Estos desafíos requieren un enfoque polifacético. El papa Francisco ha sintetizado la acción necesaria en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar[7]. Se reconoce así la complejidad del fenómeno migratorio y la necesidad de intervenciones a diferentes niveles: desde el desarrollo sostenible en los países de origen, para reducir los factores de expulsión, hasta la integración y el diálogo contra la xenofobia en los países de llegada, promoviendo la colaboración y una mejor calidad de vida para los migrantes y sus familias.

¿Qué nos espera en el futuro?

Debemos adoptar una perspectiva a largo plazo, reconociendo que algunos problemas quizás no se resolverán en el transcurso de nuestra vida. Para quien cree en Dios, la comprensión de la experiencia humana y de la historia parte de la premisa de un Dios amoroso que acompaña a la humanidad, incluso cuando su designio no siempre es claro. Todos formamos parte de una única familia humana, y el amor de Dios se manifiesta en nuestra capacidad de compartir los recursos y ayudar a los demás. Consideremos bajo esta luz los aspectos positivos de la migración.

Intercambio cultural. Sociológicamente, la migración favorece el intercambio de ideas, conocimientos, cánones estéticos, gustos culinarios, estilos musicales e innovaciones tecnológicas, enriqueciendo así nuestra experiencia cultural. Este proceso genera nuevas interacciones y formas de expresión cultural en beneficio de la humanidad. Las migraciones demuestran la fluidez y la adaptabilidad de las culturas, que cambian constantemente asimilando elementos de otras tradiciones. La migración voluntaria, por tanto, se configura como parte de un proceso más amplio de transformación y diversificación cultural, esencial para nuestra supervivencia y nuestro crecimiento colectivo.

Beneficios demográficos. La migración ofrece significativos beneficios demográficos. Las comunidades migrantes tienden a tener una edad media inferior a la de las poblaciones autóctonas, contribuyendo a contrarrestar el envejecimiento demográfico, un problema particularmente agudo en muchas naciones desarrolladas. Esto garantiza una fuerza laboral más numerosa, una tasa de natalidad más elevada y una mayor capacidad para sostener los sistemas de bienestar social a largo plazo. Recordemos que los servicios sociales requieren el pago de impuestos, pero también mano de obra; los jóvenes inmigrantes están presentes de manera significativa en sectores cruciales como la agricultura, la sanidad y la producción tecnológica. Debemos ayudarles gradualmente a acceder a todos los sectores.

Participación social. A nivel social, los inmigrantes, sobre todo en las generaciones sucesivas, contribuyen activamente a la vida pública de sus comunidades. Participan en organizaciones locales, realizan voluntariado y enriquecen la vida política. Crean redes de apoyo que refuerzan el tejido social, proporcionando asistencia y compartiendo recursos. Diversos estudios demuestran que la interacción directa entre personas de distinta procedencia favorece la comprensión, la tolerancia y la comunicación, creando una sociedad más abierta e inclusiva.

Emprendimiento e innovación. Además, los inmigrantes crean nuevas empresas, generando puestos de trabajo para la población local y promoviendo el desarrollo empresarial. Este aporte se extiende también a nuevos sectores, estimulando la creatividad y la innovación.

Remesas. Finalmente, las remesas enviadas por los migrantes a sus países de origen tienen un impacto positivo en las economías locales, sosteniendo a las familias y financiando la educación, la sanidad y las pequeñas empresas, contribuyendo así a reducir la necesidad de futuras migraciones.

En conclusión, podemos decir que todos somos inmigrantes, porque todos vivimos en un mundo que no es como debería ser; todos somos exiliados en un mundo «en devenir». ¡Todos estamos en camino!

Notas

  1. Más precisamente, las variaciones fenotípicas son producidas por modificaciones genéticas. Estas forman parte de los procesos evolutivos y de la selección natural, en relación con los cambios ambientales y, en ocasiones, históricos y culturales. 
  2. Naciones Unidas, Migración Internacionalhttps://www.un.org/en/global-issues/migration 
  3. Xenofobia, racismo y nacionalismo populista, en el contexto de las migraciones mundiales, 20 de septiembre de 2018. 
  4. N. Mossaad – M. Mather, Immigration Gives Catholicism a Boost in the United States, Population Reference Bureau, Washington 2008, https://www.prb.org/resources/immigration-gives-catholicism-a-boost-in-the-united-states/ 
  5. W. Calvo Quirós, Undocumented Saints. The Politics of Migrating Devotions, Oxford University Press, New York 2022. 
  6. A.M. Da Costa Braga et al., «Migrazioni e inclusione. L'agire agapico di singoli, gruppi e istituzioni», en Nuova Umanità 42 (2020/1), pp. 43-56. 
  7. Francisco, Discurso a los participantes en el Foro internacional sobre «Migración y paz», 21 de febrero de 2017. 
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Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura