«Elogio de la imperfección» es el título de la autobiografía de una mujer premio Nobel de Medicina[i], donde descubre en su vida y sus investigaciones que solo desde lo imperfecto se puede evolucionar. Son los errores y los fracasos los que nos hacen crecer y buscar nuevas soluciones, crear algo nuevo. Es un mensaje que podemos aplicarnos cada uno en nuestra aspiración a mejorar, alcanzar equilibrio y felicidad.
En los últimos meses mi trabajo de décadas de aprendizaje y enseñanza se ha ido complicando por conflictos de relaciones humanas. La presión, los caracteres, la tensión nerviosa se han impuesto, llevando a muchos a un sentimiento de fracaso y frustración. El equipo está roto, nada funciona, es un agobio ir a trabajar, hemos llegado al límite y entran ganas de arrojar la toalla y dar por perdido el trabajo de años…
Acabamos de vivir la Semana Santa, de gran significado para millones de cristianos. Pero no solo, pues la Pasión es reflejo de un fracaso, un proyecto frustrado. Tras varios años de predicación —el Reino de Dios está cerca—, todo parece condenado a desaparecer. Jesús es apresado, condenado y despreciado. Su mensaje de amor recíproco que propone un nuevo estilo de vida, recibido con palmas y vítores, en unos días es sofocado por los poderosos. Sus seguidores le abandonan, queda solo, hasta el extremo de sentirse abandonado por el Padre. Todos los dolores y sufrimientos del ser humano pueden verse reflejados en esa cruz. Su madre María también se siente desolada cuando su hijo muere —el sentido de su vida— y lo recoge en sus brazos: es el fracaso total, el absurdo.
En los pasos de Semana Santa vemos a miles de personas creyentes, y otras quizás no tanto, impresionadas por la solemnidad de estos actos donde se ve reflejado el ser humano en su dolor, en su insignificancia, consciente de que el sufrimiento y la muerte son parte de la vida. En lo más hondo queda una esperanza de que quizás todo tiene un sentido. Es tiempo de reflexión, de interioridad, de oración, de encontrarnos con nosotros mismos y vislumbrar lo que hay más allá del dolor[ii].
Ante el fracaso y las crisis se puede llegar a la desesperación, incluso al suicidio, como Judas. O se puede alcanzar la aceptación ante lo inevitable, con la esperanza de que algo puede ocurrir que dé sentido a ese absurdo, como Jesús. Él sintió el abandono del Padre, pero tuvo a los pies a su madre. Y ella sintió la desolación, pero tuvo a su lado al discípulo amado. El amor siempre vence, es lo único que nos mantiene hasta que surge algo nuevo.
La fe cristiana no tiene sentido si no hay un paso más, la resurrección, el renacer, un nuevo comienzo tras el fracaso que parecía haber destruido todo. Además de ser motivo de la presencia de Jesucristo en el mundo para los cristianos, el mensaje de la resurrección es un renacimiento desde las cenizas a una nueva realidad. Es el sentido de la historia que sigue construyéndose hacia una humanidad que necesita unirse en el amor recíproco para sobrevivir. El mensaje evangélico está más vivo que nunca.
En mi empresa hemos tocado fondo, el fracaso del proyecto de estos años nos ha obligado a detenernos, a tratar de comprender lo que hacía sufrir a cada uno, las imperfecciones, los errores cometidos, y tomar una decisión: o desaparecer o volver a comenzar. Para ello hay que morir a las propias ideas, escuchar y acoger las de los otros. Sufrimiento, muerte y resurrección, pasos inevitables en las relaciones humanas, siempre imperfectas, siempre susceptibles de cambiar, crecer y crear algo nuevo y mejor.
La imperfección, el fracaso, no es un error de la naturaleza; es el camino único para que aparezca algo diferente, hasta crear un nuevo equilibrio. Basta no desesperarse sino escoger la esperanza, con el apoyo de alguien que nos recuerde que el amor es la fuerza capaz de transformar el fracaso en crecimiento.
[i] Levi-Montalcini, Rita. Elogio de la imperfección. Círculo de Lectores, Barcelona, 1990. [ii] Guinot, José Luis. Más allà del dolor. Transformar y trascender el sufrimiento. Alianza Editorial, Madrid, 2022.








