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LA MIRADA DE LA SEMANA
José Luis Guinot
El mundo que construimos cada uno
PUBLICADO

15 de septiembre de 2025

Estamos aturdidos por los cambios que experimenta nuestro mundo en este periodo de la historia. El desconcierto se añade a la incertidumbre de lo que está por venir, con la impresión de que no podemos hacer nada por evitarlo. Este estado de angustia social, de derrumbe de los principios en que se basaba el mundo en el que crecimos, nos genera un sufrimiento global porque sentimos que algo tiene que cambiar y si no lo hacemos el sufrimiento aumentará. El resurgimiento de líderes políticos y económicos que actúan por su interés, despreciando la dignidad de personas a las que no ven como tales esconde un anhelo de poder propio de los psicópatas. Han perdido la humanidad, la conciencia, la identidad entre seres humanos, y son capaces de hacer morir a miles y miles de personas en Ucrania o en Gaza, de plantear el desplazamiento forzoso de dos millones personas ajenos a toda norma de convivencia. Vivimos sin duda un periodo difícil, parece que vamos hacia atrás en esa fraternidad imprescindible para alcanzar una aldea global en equilibrio con la naturaleza en la Tierra.

Hay otro mundo más cercano en el que desarrollamos nuestra vida, trabajo y relaciones. Somos afortunados ­ y es bueno recordarlo de vivir en un país que ha comprendido que todo ser humano merece ser respetado, que ofrece atención sanitaria, educación, trabajo, apoyo social para poder desarrollar una vida digna. Eso es el resultado del esfuerzo de muchas generaciones que han creído que una sociedad mejor era posible. Aunque haya tensiones, debates, críticas, vamos aumentando la conciencia de solidaridad, colaboración, apoyo a quien necesita ayuda, como hace unos meses comprobamos de forma espectacular con los efectos de la DANA en los pueblos de Valencia.

Y hay un mundo real a pequeña escala en el que se desenvuelve nuestra vida cotidiana. Nos movemos en una región limitada de una ciudad o pueblo donde cada día conectamos con las mismas personas, en ese microcosmos donde la vida transcurre. Cada uno es responsable de la forma en que realiza su función en la sociedad, de cómo nos relacionamos con los vecinos, amigos, familia. En realidad, construimos nuestro propio mundo siguiendo nuestros principios, creencias, convicciones, de un modo personal, diferente para cada persona. Somos responsables de decidir si amamos u odiamos, si utilizamos a los otros según nuestro interés, despreciando a pequeña escala o reconociendo en cada persona un ser único e irrepetible que merece nuestro cuidado. Es tarea nuestra que este mundo sea un espacio de respeto, amor, cuidado, y no un lugar de miedo, angustia y soledad.

Es verdad que los poderosos que han perdido el rumbo son una amenaza para la humanidad, pero no olvidemos que ese gran mundo está hecho de muchos pequeños mundos que construimos diariamente. Y esos son el germen de esa humanidad que por necesidad tendrá que unirse y redescubrir el valor de cada ser, siguiendo esa línea irreversible de la evolución que conduce a una mayor perfección y complejidad. No nos dejemos arrastrar por el desánimo, cada día tenemos una tarea que llevar a cabo. «Tú haces lo que yo no puedo hacer. Yo hago lo que tú no puedes hacer», le decía Madre Teresa a Chiara Lubich. “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”. Muchas gotas unidas crean un mar de solidaridad, un espejo que refleja ese mundo unido en el que creemos y que construimos cada uno, cada día.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura