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LA MIRADA DE LA SEMANA
Ana Moreno Manuel Toribio
El aleteo de la mariposa
PUBLICADO

24 de junio de 2024

Muchas veces, permanecemos insensibles ante pequeños o grandes acontecimientos que tienen lugar alrededor de nosotros.  La vorágine de lo cotidiano, el estresante ritmo de vida que nos hemos impuesto, los trabajos que se prolongan más allá del horario laboral, los compromisos familiares, mayores y niños, el continuo apego al móvil y al portátil, el navegar sin rumbo fijo por ese océano proceloso que es internet… En fin, tantas cosas que colman los minutos y segundos de nuestro tiempo, en unas horas que cada vez son más cortas y menos plenas de vivencias. El tiempo corre veloz y no nos damos cuenta de lo que tenemos a nuestro alcance.

Estos días, que junio, desnudo e inerme ante los rigores del estío prematuro, vuelve a vestirse de primavera, y una suave brisa nos envuelve con un aura de frescura, en un parque de cualquiera de nuestras ciudades, o en los campos perdidos de nuestros paisajes, la naturaleza nos ofrece un espectáculo visual. Será quizás el aleteo de una blanca mariposa que busca enamorada las flores, se posa en uno de sus pétalos con sumo cuidado, ligeramente, como requiere la extrema fragilidad de los dos “partenaires” de esta invisible danza, y en seguida se separa, revolotea sobre ella. Es solo un punto, un albo punto, entre el inmenso mar del cielo azul, una gotita de agua en medio de la tierra en calma.

Ante este minúsculo milagro de la vida conviene reflexionar, pararse, olvidarse por un pequeño instante de todo lo que nos afecta y metamorfosearse en un lepidóptero cualquiera, notar tan de cerca la fragancia de la flor, cumplir el rito de la polinización, sentir cómo se transmite la vida, cómo, gracias a esta generosa transmisión, las flores se multiplicarán.

Hace poco, vimos una película, sobre el médico un tanto heterodoxo Patch Adams, protagonizada por el malogrado Robin Williams, en la cual, en el borde de un profundo precipicio, símbolo de su gran confusión, el personaje fue capaz de contemplar el vuelo de una bella mariposa y de entender cuál debía ser el camino a seguir.

Puede que sea solo una película, además tenemos tantas urgencias, pero antes de que el verano nos deje exhaustos y sin ganas de hacer nada, una propuesta: en el campo o en el parque más cercano, tratar de encontrar nuestra propia mariposa. Y cuando hayamos sido capaces de ver, de observar, de mirar con atención las pequeñas maravillas de la Naturaleza que nos rodean, podemos también intentar ver, observar, mirar con atención las cosas bellas que nos acompañan en nuestro día a día: el bonito diseño de la farola de una calle, la decoración realizada con esmero de la pequeña tienda de mi barrio, las sillas elegantes y cómodas de una sala de espera…

Y si somos capaces de encontrar la belleza en la Naturaleza, en los objetos cotidianos, ¿cómo no vamos a encontrarla en las personas con las que me cruzo día a día? Será un ejercicio interesante que seguro que nos va a enriquecer.

Y si no la veo, puedo generarla yo de mil maneras: con un saludo aunque sea a una persona extraña, con una sonrisa, con una respuesta amable, con la calma en un encuentro casual, con una disposición de escucha,… con la ternura.

Que no se nos vaya junio sin que lo hayamos experimentado.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura