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Educar sabiendo escuchar
PUBLICADO

14 de mayo de 2026

Gotas educativas

Cuando un niño o adolescente acude a su madre o padre, lo hace muchas veces confiado en que puede compartir con ellos sus preocupaciones o dudas.

Evidentemente, si al hacerlo no encuentra aceptación ni escucha verdadera, si advierte prisa o le resulta claro que es una molestia para el que escucha, probablemente se lo pensará dos veces antes de volver a acercarse con la misma intención.

Por ello, será difícil que vuelva a confiarle sus pensamientos, problemas, situaciones complicadas, dudas o reflexiones.

Es misión tuya, como madre, padre, tutor o representante, hacer que, cuando tu hijo apenas «balbucee» las primeras palabras de confidencia, aprendas a apartar tus deberes y prisas, y hagas «detener el tiempo» para enfocarte en tu hijo. Prueba a ser capaz de crear una especie de burbuja compartida, en donde —en ese momento— solo existan dos personas: él y tú.

Con la atención, la escucha y el cuidado que le brindas, el niño o adolescente se siente especial para ti y se consigue crear ese clima de aceptación y comprensión que le empuja a comunicarse con el corazón.

Escucharlo no es solo oírlo, porque muchas veces oímos sus palabras mientras razonamos y analizamos lo que nos dice, o bien reflexionamos sobre lo que está expresando y dialogamos solo con nosotros mismos, en vez de con nuestro hijo.

A menudo, buscamos cómo vamos a responderle, matizando, criticando o confirmando sus palabras, contestando o contradiciendo lo que expone.

Nada de esto es escuchar realmente.

Hoy en día la escucha está infravalorada. La información, las declaraciones, las protestas, los hechos insólitos, las escenas fuera de lo común, las conductas estrambóticas que nos llegan o buscamos en las redes sociales parece que agotan nuestra dosis diaria de capacidad de escucha.

Escuchar de verdad a tu hijo resulta un momento mágico, en donde puede desahogarse, confiarse a ti y sentir el amor que le regalas.

Después de escucharlo profundamente, y cuando lo veas necesario, ofrécele alguna opinión, si te la ha pedido, y esas palabras, o esos gestos que manifiestas hacia él, resultarán, muy a menudo, apropiados y responderán adecuadamente al problema o al tema que te ha expuesto.

En esos momentos, él se encontrará respirando aceptación, confianza, misericordia, comprensión, valoración y cariño.

Sabe que estás ahí por él y para él. Tu «cielo» se encuentra con el «cielo» de tu hijo.

Esos son momentos especiales que recordará siempre a lo largo de la vida.

¡Regálale muchos de esos!

«Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar». Epicteto de Frigia (c. 50-135) Filósofo grecorromano.

Ángel Crespo Ortega es orientador y pedagogo, con un enfoque centrado en la persona.

www.orientadorangelcrespo.es

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura