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Educar fortaleciendo
PUBLICADO

27 de mayo de 2026

Gotas educativas

En este nuevo artículo, seguimos añadiendo una nueva «gota educativa» que pueda orientarnos en la educación de nuestros hijos y alumnos.

En el presente artículo vamos a enlazar los planteamientos de Béchamp y Bernard, en el campo biológico, con el trabajo que, como educadores, conviene realizar.

Claude Bernard, biólogo, médico y fisiólogo francés del siglo XIX, siguiendo las teorías del también biólogo y químico Antoine Béchamp, argumentaba que lo más importante a tener en cuenta en el proceso de cualquier enfermedad no era el virus, bacteria o germen que atacaba, sino el «hábitat» o sitio en que la enfermedad se producía, es decir, las condiciones y circunstancias en las que se encontraba el paciente cuando le acontecía una determinada infección vírica o bacteriológica.

Explicaba que la enfermedad, como proceso biológico que es, se desarrolla, en mayor o menor intensidad, dependiendo de la situación y el estado en que se encuentre el individuo afectado, así como el medio ambiente donde esta se produce.

Podemos extrapolar esta teoría al campo del comportamiento, la conducta humana y la educación.

Para lograr el bienestar psicológico y afectivo, así como la madurez de tu hijo, no debes concentrarte, fundamentalmente, en investigar la esencia de los problemas, traumas o dificultades que va encontrando en el camino de la vida —aunque siempre es bueno identificarlos, comprenderlos y trabajarlos—, sino que, fundamentalmente, debes ayudar a tu hijo a dotarse de capacidades, estrategias, técnicas y fortalezas (psíquicas y mentales) que le ayuden a afrontar y superar las vicisitudes de la vida y que contribuyan a que se desarrolle de modo armónico, induciéndole a caminar hacia la consecución de la mejor versión de sí mismo.

Para ello, uno de sus fundamentos es que se sienta querido, aceptado sin juicios, de modo generoso, con un amor incondicional, sin medida. Esta es, a menudo, la base desde la que puede afianzarse, en nuestro hijo, su fortaleza, su capacidad de resistencia y de resiliencia.

Poseer resiliencia no significa que desaparezca el sufrimiento, los traumas y las heridas, sino que estas sean reconocidas y aceptadas como punto de partida para reiniciarse uno mismo con mayor vigor y empuje.

No consiste en evitar a nuestro hijo la posibilidad de encontrar dolores, desengaños, rechazos y sufrimientos, sino en dotarle de herramientas y estrategias que —en buena medida— le protejan frente a las «agresiones» de todo tipo que sufra, que le ayuden a aceptarlas y superarlas, porque tiene reforzado el «sistema inmunológico» de su psique, porque camina, con paso firme, hacia la mejor versión de sí mismo, hacia su crecimiento interior y su madurez.

«[…] la buena madera no crece con calma, […] cuanto más fuerte es el viento, más fuertes son los árboles.»

Douglas Malloch (1877-1938) Poeta estadounidense

Ángel Crespo Ortega es Orientador y Pedagogo, con un enfoque centrado en la persona. www.orientadorangelcrespo.es

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura